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Archive for 30 junio 2017

me pregunto el por qué a los hombres se les dificulta tanto vivir en el presente

Me gusta el cine, y podría decir que me gusta casi de todo un poco (excepto los musicales), también me agradan las películas extranjeras que en ocasiones clasifican como cine arte pues siento que son una bocanada de aire fresco dentro del cine superficial al que nos tienen acostumbradas las producciones norteamericanas. No quiero decir que todo lo que se filma en Estados Unidos sea malo, pero a mi particular punto de vista muchas de sus películas tienen una especie de “final feliz” que me hace sentirlas falsas, algunas se salvan de esta clasificación pero creo que son pocas. Es por ello que cuando se me presenta la oportunidad de ver algo diferente en cine o TV, lo hago, y aunque a veces son películas complicadas de digerir (a veces por las situaciones que retratan o por la la forma en que se dirigieron)  en otras ocasiones me encuentro con muy buenos filmes. 

Así que hace un par de días vi que en una sala de cine de mi localidad  proyectarían en sus “sala de arte” la película japonesa “Tras la Tormenta” (Dir. Hirokazu Kore-eda, 2016) , a primera instancia me enganchó por su país de procedencia y en segundo por el tema de relaciones familiares (que ofrece material para cantidad interminable de historias). 

Aclaro que por una parte tengo cierta afición por el cine japonés (especialmente animación, también conocido como anime ) que desarrollé en mis años de estudiante. Lo que hizo interesarme un poco por su cultura que veía retratada en algunos de sus filmes no animados. Aunque no por ello me considere un conocedor experto del tema.

Creo que lo anterior ayudó a mantenerme atento a toda la película, pues sí bien la historia se desarrolla lentamente, la disfruté, pues la atmósfera era muy íntima y me hacía sentir como parte de la acción, un espectador presente pero mudo ante todo lo que sucedía. 

En cuanto a los personajes, durante muchas partes de la película me sentí identificado con el protagonista, precisamente por su complicada condición profesional actual (además tratando de vivir de sus glorias pasadas), la relación con su madre (recientemente viuda y con problemas de edad) y los constantes reproches/pleitos con su hermana. A lo anterior, sumemos un matrimonio con una hermosa mujer que terminó en divorcio más los problemas de no poder ver con frecuencia al hijo de ambos ya que el protagonista no paga la manutención que le corresponde por gastar el dinero en apuestas. En un momento dado el hijo, dentro de su curiosidad natural,  le pregunta al protagonista si ha llegado a ser el hombre que quería ser (lo cuál en lo personal se me hace una pregunta bastante confrontativa). Así que por momentos me sentí reflejado en las diferentes facetas por las que atravesaba el personaje principal.

Algo lindo de la película es que a pesar de las complicaciones que recorre el protagonista se le presenta una especie de luz en su camino. Tal vez con esto la película pudiera caer dentro del estereotipo de finales felices, pero no lo siento así, pues además de que tiene un final diferente (que no contaré aquí), casi para terminar los personajes llevan a cabo una serie de diálogos y reflexiones ante su situación particular que te hacen meditar sobre ello. Inclusive podría asegurar que hasta la canción de los créditos finales tiene relación con la historia por la letra que maneja. 

Así que de manera general, me gustó la forma en que te lleva la película, pues todo es tan casual-convencional sin dotes de exageraciones en cuanto a la historia, y por tanto un poco más creíble como la vida misma. 
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  Me llama mucho la atención estas películas que retratan pasajes de vida tan cotidianos que te hacen sentir como si vieras un episodio de tu propia vida, sin tantos adorno si exageraciones, además de que te hace ver que en todos lugares los conflictos familiares están presentes,  que el amor es la base de todo y por consiguiente es la única manera de poder salir adelante. 

AMDG

Por si desean ver la película aquí en Monterrey, aquí están sus horarios en cinepolis: http://cinepolis.com/pelicula/tras-la-tormenta

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“La adolescencia es la conjugación de la infancia y adultez” (Louise J. Kaplan) 

En este 2ndo semestre en mi diplomado de desarrollo humano, me tocó convivir con muchas mamás (la gran mayoría), y un tema recurrente era cómo tratar la adolescencia de sus hijos. Dado que en mi trabajo me toca convivir también con niños,  adolescentes y jóvenes, les compartía que era preciso recordar como fuimos nosotros durante esa etapa (que por lo visto nos olvidamos rápidamente) para así ser más comprensivos (que no es lo mismo que permisivos) con ellos y sus actitudes. 

En mi caso muy particular, aunque me considero una persona tranquila/pasiva,  admito que en mi adolescencia tuve mis arranques/berrinches que la pobre de mi madre tuvo que “soportar” y si bien me dió mis buenas regañadas y chanclazos, recuerdo con cierta consternación que en otros momentos la hice  desesperar mucho e inclusive llorar. Quiero aclarar que lo anterior no lo hacía con la mala intención de despertar por la mañana y decir para mis adentros: “el día de hoy haré sufrir a mi madre”, nada de esopero creo que en esa etapa de transición yo quería experimentar muchas cosas y entre la ignorancia de como llevarlas a cabo, frustración de no realizarlas,  el acoso/bullying escolar,  formación de autoestima y cambios físiológicos internos, hacían de mi persona una bomba de tiempo que le reventó en más de una ocasión a mi madre (y a mi padre, tíos y maestros). 

Y eso,  sucede para todos en mayor o menor grado, quisiera pensar que el olvido de esa etapa es porque a partir de  la adolescencia la vida acontece en un torrente de sucesos en los cuales papá o mamá ya no están cuidándonos ni protegiéndonos todo el tiempo y así,  sin darnos cuenta empezamos a ser parte del mundo adulto (a veces con la fortuna de tener cierta consciencia de ello) con sus respectivas y múltiples responsabilidades.  

Otro aspecto a considerar es la formación de nuestros padres, al no ser educados para ser padres (nadie lo está, ni lo estará) actúan con la mejor intención pero con la peor ejecución, porque sencillamente el tiempo y contexto tanto de ellos como de los hijos es muy diferente, por lo que hay un choque de percepciones de las cuales el hijo no sale bien librado,  ya sea porque hay situaciones que para algunos adolescentes pudieran ser intrascendentes como para otros serán más que mayúsculas. Esto no quiere decir que los papás deban cuidar todo lo que digan y hagan, es cuestión de hacerse responsable de lo que les corresponde a ellos y soltar. Si yo como adulto en algún momento  quedé afectado por vivencias de mi adolescencia, no puedo achacarle culpas a mis padres porque ellos hicieron lo mejor que pudieron en mi formación (y serán responsables de su propia participación) sin embargo yo, si me sintiera como persona afectada, tendré que hacer lo que me corresponda para solucionar mi conflicto. 

Tal vez no sea fácil, pues depende del contexto cultural en el que me encuentre inmerso la manera en que solucionaré mis problemas (pero eso será un tema para más adelante). Pero esto debería darme una idea de la manera en que actuaré cuando experimente el convivir con adolescentes ya sea en familia o en el terreno profesional. 

El poder remitirme al pasado, recordar mi experiencia personal y poner en práctica la empatía, me permitirá ponerme en los zapatos del otro (en este caso el adolescente), conocer parte de sus inquietudes y por lo tanto comprender un poco más qué es lo que le aqueja. De tal manera que si bien NO solucionaré sus problemas, podré apoyarle a que encuentre la forma de resolver los suyos o por lo menos no estorbar en ellos. 

Por ello, además de preguntarle a los adultos que lidian con adolescentes, cómo eran en esa etapa, también les pregunto “¿Cómo te hubiera gustado que te trataran?”, eso por lo menos permite tener una base de donde partir o aproximarse y de antemano entender que también podemos recibir una negativa u respuesta hosca, pero al menos, al ser conscientes de nuestras vivencias previas, podremos actuar en consecuencia de una manera más efectiva y por consiguiente, establecer una mejor relación. 

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Este tema para mí es recurrente, pues como convivo con adolescentes, constantemente requiero ir y venir a mis recuerdos: ¿Cómo me trataron?, ¿cómo me hubiera gustado que me trataran? Y ¿cómo era yo de inquieto?, con esto busco ponerme en el lugar de ellos y de mis mayores. No siempre es fácil,  pero ayuda y me permite aprender y seguir desarrollándome como persona. 

Como nota final, curiosamente, el día de hoy me pidieron información sobre el tema de la adolescencia y la sexualidad (este último es un tema muy amplio e interesante). 

Un saludo a mis dos lectores. 

AMDG

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