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Posts Tagged ‘Desapego’

El punto es que el amor existe y está ahí, el chiste es abrirse a la posibilidad y lanzarse en pos de ello…

Si tú lector vienes a buscar palabras de amor en esta entrada, dudo que las vayas a encontrar, en primera instancia porque no hay fuente de inspiración y por lo tanto a quien YO podría escribirle estas palabras, sé que ni me leerá y ni merece que le escriba (y punto), y como hablamos de amor, mejor me enfoco en hacer algunas lecturas de personas que hablan del amor al ser humano o a la vida, me son de mayor utilidad en estos momentos.

No quiero decir que no me enamore, hay chicas que me gustan pero no tengo alguna en especial (bueno, hay una compañerita que tiene unos ojos de color que son como caramelo, ¡preciosos!), de cualquier manera, quienes tengan pareja valorenla y cuídenla, si solo la quieren para tener sexo, sean claros en ello porque de una u otra forma los sentimientos salen a flote y alguno de los dos involucrados termina enganchándose. Si es algo serio ¡pues adelante!, merecen mis respetos, pues en una era de consumo y satisfacción fácil, construir el amor en pareja es un proyecto a largo plazo.

Si no tienes pareja, no te amargues, porque amargarse es el primer paso a culpar a los demás de la propia incapacidad de revisar qué nos detiene para lograrlo (en mi caso estoy atravesando dificultades con respecto al compromiso), en otras personas pudieran ser situaciones distintas. El punto es que el amor existe y está ahí, el chiste es abrirse a la posibilidad y lanzarse en pos de ello…. entonces, nada de quejarse de que no existe, porque hay que revisar bien alrededor.

Si por otra parte no te interesa el amor en pareja, está el amor espiritual, así que ámate a ti mismo y a quienes te rodean, mucho ayuda el que lleva a cabo lo anterior, que aquellos que a fuerza de estar con alguien, se joden la vida y de paso joden la vida de los demás.

Mientras tanto, yo doy gracias a Dios y a la presencia de quienes me rodean. Agradezco mis dificultades a pesar de que me tengan atorado. A final de cuentas, me están enseñando a ser agradecido y a comprender y a amar a quienes me rodean.

Un abrazo a todos mis lectores =)

AMDG

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La lección más difícil de aprender es el amor incondicional

Creo que este video resume en gran parte lo que planteo escribir a continuación. Si no lo han visto les pido lo hagan (pueden hacerlo en privado si son dados a emocionarse ante algunas situaciones). Al terminar sería bueno preguntarse, ¿qué sentí al inicio? y ¿qué sentí al final?, ¿qué pensamientos pasaron por mi cabeza y cuáles de ellos les di entrada y cuales rechacé?, creo que es importante reflexionar esto porque, independientemente de cualquiera que hayan sidos nuestros pensamientos sobre el sujeto del video, no debe ser un motivo para que, según nuestro historial de vida (y contexto social) le juzquemos si merece o no nuestra comprensión y compasión (cuando todo ser humano merece compasión). Menciono lo anterior porque la página de donde tomé el video hay posturas diversas (algunas muy duras) en contra de la situación de Jim Wolf, y de los posibles motivos que lo orillaron a su situación actual, pero dejando de lado que es un ser humano. Vamos, el punto que quisiera reflexionas es que si no hemos olvidado que estamos rodeados de seres humanos y que nosotros mismos también lo somos,  finitos y falibles.

Por mi parte es la segunda vez que veo este video y aún me conmueve, también me doy cuenta de la relación que tiene con el trabajo de una especialista en el tema de la muerte (desde el punto de vista humano), el nombre de esta persona es Elisabeth Kübler-Ross. Sin intención de describir toda su obra (que no la conozco aún), su trabajo de toda la vida fue conocer y comprender la muerte y la manera que ella nos atañe más de lo que pensamos (y que muchos preferimos ignorar), explica como precisamente el miedo a la muerte es lo que termina por debilitarnos y postrarnos ante una muerte “dolorosa” y posiblemente sin sentido (aquellos que hemos perdido un ser amado y que no tengamos una preparación emocional, muy posiblemente lo veamos así). Dentro de los miles de casos que Elisabeth Kübler investigó y entrevistó, relataba sus experiencias con enfermos y moribundos tanto de Sida (cuándo este surgió) y con prisioneros de cárceles norteamericanas. Explicaba la forma en que la sociedad les relegaba y se desentendía de ellos dejándolos a su suerte, negándoles un alimento primordial en el ser humano que es el amor (Sí, entiendo que para muchos lo esencial es el aire y el alimento, pero no podemos negar que la necesidad de amor es esencial para nosotros como seres humanos supuestamente “racionales”). Por tanto, el sufrimiento por el que pasaban estas personas era doble, desde la parte física por las dolencias de la enfermedad hasta la discriminación de la sociedad que les juzgaba por el hecho de ser portadores de una enfermedad que solo contraían los homosexuales (en sus inicios y según la creencia popular), por otra parte como mencioné, estaban los presos en cárceles de mayor seguridad que sufrían condiciones bastante precarias (aún para ser prisiones norteamericanas) y que aunado a su enfermedad, le hacían más inhumano.

Por tanto el trabajo de la Dra. Kübler fue darles voz a estas personas para que pudieran expresar el dolor que sentían ante la incapacidad de no entender como es que, aparte de una dolorosa enfermedad sufrían también del aislamiento y como ello minaba cada vez más sus fuerzas. Los moribundos, según Kübler, saben cuando se aproxima su hora y como si fueran deseos antes de morir muchos de ellos solicitaban que les aceptaran (ya fuera por su enfermedad o condición), a medida que lograban expresar su sentir estos condenados a muerte, la dra. Kubler comprendió la importancia de un elemento esencial que si bien no curaría la enfermedad física, sí repararía la saludad espiritual y era sencillamente el amor incondicional por parte de las personas cercanas a estos moribundos. Son conmovedores los testimonios que narra como aquellos que ya en su lecho de muerte pudieron experimentar el amor incondicional de sus familiares o de personas cercanas (que a pesar de la ignorancia en ese entonces) no tenían miedo a darles amor y consuelo en sus últimos días. Lo mismo en las cárceles, charlando con los prisioneros preguntaba sobre aquellos sucesos tan dolorosos que los hubieran orillado a cometer sus crímenes logrando con ello dar algo de paz interior (eso no evitaba que se les eximiera la pena, pero la hacía más llevadera). Considero que todo esto es sencillamente una forma de amor. Regalar la oportunidad de escucha para poder comprender mejor a quien sufre.

Todo esto me lleva al inicio de esta entrada, aunque pudiera pensar que el veterano Jim Wolf podrá haber sido alguien que mereció vivir lo que le llevó a su situación actual de decadencia, pero no por ello deja de ser un ser humano que vive y siente y que también es digno de ser amado. Y es aquí donde seguramente entran nuestras consideraciones impuestas por la sociedad actual “él se lo buscó“, “¿y su familia?, ellos también sufren al convivir con un alcohólico“, “seguramente después de ese cambio de imagen volverá a recaer“, pues sí, todo ello podría ser verdad, pero a final de cuentas es una persona que requiere compasión o… ¿no la querríamos nosotros si estuviéramos en una situación así?, ahí sí que querríamos experimentar que nos amaran. Pues bien, nadie da lo que no tiene, parte de nuestro proceso de vida es precisamente aprender todo aquello que nos haga crecer espiritualmente, de tal forma que al llegar a nuestro lecho de muerte, nos vayamos confiados por el haber obrado en servicio. ¿Difícil? ¡Claro que lo es!, Kübler se llevó toda una vida (¡y vaya que fue intensa!), pero es importante saber que precisamente tendremos toda nuestra vida para cumplir con ello de acuerdo a nuestras capacidades.

Confío que realmente hagamos algo con ella, que nos permita tener una muerte digna, serena y feliz.

Busquemos amar incondicionalmente, es la llave para pasar a la siguiente vida…

AMDG

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Yo: ¿te digo algo?
Tú: dime…
Yo: sal de mi mente
Tú:  jaja ¿y si no quiero?
Yo: Puedes quedarte lo que quieras
Tú: siempre que tú quieras…
Yo: lo quiero… es lindo pensar en ti

-leído por ahí-

el contexto…

Se suponía que no debería buscarte, borrar tus fotos y conversaciones y hacer caso omiso a tu mensajes, pero solo borré tus fotos (soy una persona muy visual) pero me quedé con algunas conversaciones que aparecen azarosamente en mi computadora como al azar viene tu recuerdo a mi mente y de ahí sale un hilo de energía que se conecta al corazón y me hace revivir algunos sentimientos que acarician suavemente mi alma. Supongo que estoy curándome pues tu recuerdo ya no me duele tanto o sencillamente he aceptado la realidad. Pero no puedo evitar que releer estas conversaciones me hagan sentir como si platicara nuevamente contigo y a la vez estar como espectador de como poco a poco me enamoraba más de ti y que no lo dijera abiertamente.

No sé como lo hice pero me gané tu confianza… aún recuerdo el día en que te conocí…

el inicio…

Era un día común (que dadas las circunstancias de común no tiene nada) de primavera y cursaba mi 3er periodo de posgrado, cuando ya se habían asignado los equipos de estudio y mientras cada uno de los integrantes del equipo al que había sido asignado colocaba su presentación, vi la tuya y observé que habías anexado un archivo de una fotografía, antes de abrirla hice una sencilla petición a Dios: “que esté bonita” (no voy a negar que me fijo en el físico) y por lo visto me escuchó porque inmediatamente al desplegarse en pantalla y observarte exclamé “¡qué linda!” y con ello y muy a mi estilo busqué la forma de saber más de ti.

Durante las juntas de trabajo iniciales, observé que tu interés por  relacionarte con los miembros del equipo fuera de lo académico era casi nula, pero debido a que yo tenía un enorme interés por conocer más de ti, empecé a hacer algo que creo que me sale natural (sin darme cuenta) y fue empezar a bromear, con ello poco a poco fuiste contándome algo de ti. Lo curioso de todo esto es que si lo veo en perspectiva en ese momento que me encontraba en una banca leyendo con mucho interés parte y que me decías que tenías novio (o que al parecer no, pues no estabas segura de qué pasaría), yo podría haber dado todo por terminado, decir hasta luego y seguir como un compañero de clase, pero no fue así. Sentí la frustración al saber que estabas con alguien (era lógico, ¿cómo no podría estarlo una chica que para mí era preciosa?), pero mi interés (o torpeza) insistió en seguir adelante y busqué la forma de sacarte plática y seguir bromeando y vaya que resultó pues poco a poco empezábamos a platicar aparte de lo que se hablaba en clase. Lo interesante de todo esto, era que te reías de mis bromas y me seguías el juego (no quería entender el por qué me ponías tanto atención en esos momentos).

Posteriormente, en una reunión con el equipo de clase no pude estar presente pues me había sentido indispuesto  y en el registro de la sesión, recuerdo que preguntaste por mí y al enterarte, te compadeciste (lo cual me llamó la atención), y seguimos platicando pero a partir de ese momento ahora tú me buscabas para saludar, platicar e inclusive contarme de tus mascotas. A mí me encantaba el que te rieras de mis bromas y tuvieses el tiempo para charlar. Posteriormente gracias a las redes sociales, cuando me diste la oportunidad de enlazarme contigo pude conocerte más (bendito y maldito Facebook), pues me gustaste más cuando vi tus fotografías pero me ensombrecía verte en otras con alguien más. Pero seguí adelante…

el contacto…

Seguíamos platicando con mucha frecuencia, mensajes en todo momento, msn, celular, etc. hasta que se dio la ocasión de que me hablaste por teléfono, y recuerdo con cierta emoción tu vocecilla de niña que a primera instancia no entendí el “así que sí tienes voz”, pues sí, tenía voz y ¡tú también la tenías!, seguimos platicando es forma que hasta el momento nunca antes había platicado con alguien más y para ese momento, yo ya estaba más que ilusionado, pero temeroso de enamorarme, pero definitivamente me emocionaba saber de ti. Posteriormente te llamé por teléfono a tu casa y fácilmente hablamos una hora, que no recuerdo de qué temas hablamos, solo sé que me sentía emocionado y a gusto platicando contigo de cualquier cosa.

No olvidaré cuando gracias a la tecnología pude hablar contigo por medio del video, ¡por Dios mujer! solo a nosotros se nos ocurría platicar casi a media noche y durar horas por skype, uno de los detalles que hicieron que te ganaras mi corazón fue cuando a pesar del sueño, no querías que me desconectara y así lo hacía, cantidad de veces que estuve velando parte de tu sueño (a veces despertabas para asegurarte de que yo estuviera ahí). Recuerdo que te canté canciones, te conté cuentos, recité algunos poemas y te reías y me mirabas de una manera muy particular y que sinceramente sentía que no era una mirada que le obsequiaras a cualquiera.

la visita…

Y como bien dije antes, benditas y malditas redes sociales, pues por ellas se dio un malentendido que hizo que me distanciara de ti, que curiosamente lo sentiste de inmediato… tan así, que buscaste con tanta desesperación que creí entender que había algo recíproco entre ambos. Aún recuerdo cuando saliendo de una entrevista me hablaste y me contaste tu experiencia. Créeme, fue fabuloso que me tomaras en cuenta, tan así que mi locura me llevó a invitarte al cine, no importaba que estuvieras a 12 horas de distancia, simple y sencillamente quería verte y conocerte físicamente. Recuerdo tu sorpresa cuando te dije que iría a visitarte y todo el proceso para llevarlo a cabo. Si bien estaba nervioso por saber como se darían las cosas estaba muy emocionado. Ese viaje de ida a tu ciudad se me hizo tan largo… aún recuerdo cuando bajé y te busqué… eras un pedacito de cielo en la tierra, que mujer tan linda la que estaba frente a mí. Vaya aventura la que me esperaba ese fin de semana, llegar a tu depa, conocer a tus mascotas y reconocer tu espacio, todo aquello que solamente veía a través de una pantalla lo palpé con mi ser y con la alegría de estar contigo en ese momento.

Recuerdo la aventura de salir a conocer parte de la ciudad mientras tu estabas en el trabajo y la expectativa de verte mas noche (me sentía como el novio que espera a la novia para verla y apreciarla nuevamente), que nada me importaba, me sentía estupendo, tan así que me animé a manejar en una ciudad tan grande en un auto distinto al mío, y para colmo sin espejo lateral (ja) y lo hice porque te quería. No buscaba impresionarte, sino apoyarte en ese momento en que no te sentías bien.

Lo más emocionante fue al llegar la noche, pues habría que dormir y estábamos juntos en el mismo sofá-cama viendo una película y creo que ni tu ni yo queríamos dormir así que “despistadamente” pasé un brazo por tu cintura y poco a poco nos fuimos quedando dormidos. Creeme, cuando llego a este punto de la historia, muchas personas me pregunta que si no tuvimos sexo. Sin ningún pesar les respondo que no, para mí fue valioso que durmieras a mi lado. Creo que con ello te di a entender que me importabas para algo más allá que un acostón. Realmente quería algo contigo.

Al día siguiente que despertamos, platicamos por horas, jugueteamos y bromeamos y la pasamos genial (hasta una espinilla me reventaste). Me sentía estupendo estar contigo. Salimos ese día a conocer la ciudad, yo el piloto y tu mi copiloto estrella, guiados por un GPS que funcionaba a la perfección mientras nosotros nos perdíamos por ciertas zonas de la ciudad. Comimos y me  compartiste tu fobia a los mariscos y muchos otros tipos de comida, y nos fuimos al cine a saldar la invitación que te había hecho. Por la noche salimos a un bar a visitar un amigo mío que radicaba en la ciudad. Cantamos y la pasamos genial y nos tomamos una foto en la que tu sales preciosa y yo salgo horriblemente mal…).

A pesar del cansancio de la noche, llegamos a tu departamento e insistías en que bebiéramos una botella que tenías para la ocasión pero estabas tan cansada que entre sueños te comenté que fueras a dormir a tu cama (deseando internamente que me dijeras que no), pero no fue así, por lo que te marchaste a tu habitación y mientras me resignaba a dormir solo en mi “habitación”, me llamaste, fui a verte y me pediste entre sueños que te abrazara y así nos quedamos dormidos tú y yo.

el beso…

Al día siguiente, nuevamente despertamos y como novios, platicamos de todo pero solo faltaba algo, un beso… y no sabía como hacerlo. Seré bueno en muchas cosas, pero cuando se trata de besar a quien queremos, creo que todos nos volvemos como un niño. Recuerdo como te abrazaba, y jugueteaba contigo. veía con atención tu rostro, tus ojos, cejas, mejillas y por supuesto tus labios. Con la excusa de que me llamaban la atención, los tocaba suavemente y observaba curioso esa tonalidad carmín intensa que sin ser labial los coloreaba rápidamente. Pero no pude besarte. ¡qué cobarde!

Nos sentamos en la cama con la excusa de prepararnos para salir, cuando entre una broma y otra te tomé con mis manos y te besé. Te quedaste sorprendida y no dijiste nada, así que un poco asustado me levanté y escapé hacia mi “habitación” pensando “¿y ahora qué pasará?“, estuve unos momentos que se me hicieron eternos, cuando me llamaste y preguntaste por lo que estaba haciendo en la otra habitación y como un niño respondí entre balbuceos cualquier cosa y me dirigí nuevamente a tu habitación, me jalaste hacia ti y me abrazaste por un largo rato.

El resto del día fue muy agradable, salimos a conocer otra parte de la ciudad, nos perdimos nuevamente (recuerdo un cálido beso tuyo en mi mejilla cuando confundí la izquierda con la derecha) y detalles divertidos. Pero el día se terminaba, (nos encontramos con unos primos tuyos que se les hizo curioso verte acompañada por mí). y como todo cuento de fantasía terminó con una despedida en la terminal de autobuses. Sentí tantos deseos de besarte nuevamente, pero el guardaespaldas que te acompañaba en ese momento me cohibió… y creo por lo que me preguntaste posteriormente, es que tu esperabas nuevamente un beso de mi parte. ¡Qué lento me vi!.

la ilusión…

Los días pasaron y me sentía soñado porque ahora tú vendrías a mi ciudad, y mientras yo planee otro viaje (para visitarte en otra fecha)  me enfoqué a tu visita pues en pensaba decirte lo que sentía por ti. Platicamos mucho más y en cierta forma, a pesar de que vendrías a un compromiso personal agendado desde mucho antes de conocerme, me indicaste claramente que yo no me “escaparía” de ti. Y así fue, la noche que llegaste te esperaba con mucho interés. No sabía como recibirte, ¿un hola?, ¿un beso?, ¿un abrazo o apretón de manos?, no sabía que pensar. De cualquier forma estaba muy ansioso de que llegaras. Sentí mucho nerviosismo cuando te vi llegar pero cuando viste lo que te llevaba, sonreíste y eso me calmó. Te llevé a cenar y durante el trayecto del aeropuerto al restaurante, te escuchaba y a la vez pensaba como besarte y en qué momento. Este se dio cuando al llegar al lugar te abrí la puerta para que salieras. Creo que ni tu te lo esperabas, y debo admitir que ni yo tampoco (jaja). Solamente te besé y me besaste. Cenamos y platicamos, me sentí dichoso de sentarme a tu lado y estar contigo y besarte tantas veces… creo que esa noche batallé para dormir…

la realidad…

Al día siguiente, todo iba estupendo hasta por la noche, fue cuando el carruaje de la cenicienta se volvió una calabaza, fue volver a la realidad. Me golpeó la dura realidad de que alguien a quien tú amabas se presentó nuevamente y fui tan ingenuo en estar ahí. Qué afortunado de no estar presente cuando sucedió, pero momento tan más desagradable. Me sentí tan mal al ser golpeado una y otra vez por la verdad. Sencillamente no me querías lo suficiente como para haber dejado de lado a la otra persona. Sopesaste la situación y un amor incompleto te ganó. y lo que yo elaboraba poco a poco y (admito) con cierto temor. Se perdía. Doy gracias a Dios por mi estupidez y mi formación en inteligencia emocional que te esperé. De una noche anterior en la que aceptabas mis besos, en ese momento estabas pálida y aturdida. Me dolió verte así y me surgió el miedo de perderte he hice lo que mejor supe usar… la razón. Y todo se perdió. Te confundí más, me confundiste más y aunque te dije que te quería, no supe demostrarlo por el miedo a no tenerte más, a no tener tu corazón.

el adiós…

Torpemente y con deseos de seguir viéndote con la ingenua ilusión de que cambiaras de parecer al día siguiente, salimos. Hubo plática y bromas, pero ya no hubo besos. Te sentí triste y distante. Me ofrecí a llevarte al día siguiente al aeropuerto, pero me dijiste que no me preocupara, que lo harías en taxi. Nos despedimos, no sin antes darte un beso de despedida. Créeme, ese beso fue especial, fue mucho más especial que los demás, y sé que lo sentiste tú también por la forma en que suspiraste y la manera en que me viste al decirme adiós.

El día siguiente fue muy doloroso, tanto así que cancelé mi vuelo a tu ciudad para visitarte en la fecha que ya habías planeado hacer una fiesta (y que posteriormente cancelaste). Me dolía afrontar la realidad de que había alguien más que tenía tu corazón, y que si bien no tuviste el valor de decirme que le habías dado espacio en tu corazón nuevamente. Yo tampoco tuve el valor para preguntarlo. Es curioso… hasta que pasó todo empecé a entender que estaba enamorado de ti y que me habías roto el corazón. Confío que con esto haya saldado algunas de mis deudas con algunas de aquellas mujeres a las que les haya hecho lo mismo.

el reencuentro…

Pasaron algunos meses y cuando me confesaste que habías retomado a ese antiguo amor, me alejé de ti (lo que yo no entiendo es… ¿para qué me buscabas si ya tenías a alguien a quién querer?). Pasó algo de tiempo (no mucho sinceramente) y honestamente tampoco recuerdo  qué me llevó a buscarte (o que me buscaras), posiblemente el hecho de que estabas sola y que coincidimos nuevamente en un curso del posgrado. Si bien me mantuve al margen contigo obviamente deseaba saber de ti. Tan así que después de una junta de equipo te pedí platicar por skype… que cosas. Como si no hubiera pasado nada, volvimos a platicar como siempre. de tal forma inclusive que hasta me mostraste por vídeo tu nuevo departamento, y volvimos a platicar como antes. Si bien tuve cierta desconfianza, nuevamente la dejé de lado y me entregué a ti. Te dediqué tantos momentos y pensamientos, fui muy ingenuo al pensar que todo sería como antes. ¡Realmente estaba enamorado de ti!, pero no lo digo como un reclamo, sino sencillamente como un momento de claridad. Te quería y mucho, y si bien te quería a mi manera, era la mejor forma que tenía para quererte.

el intento final…

Pensando en volver a hacer un intento, te tomé la palabra cuando me dijiste que te visitara. Nuevamente estaba enamorado y no vi las señales. no aclaré contigo nada. No sabía bajo qué condiciones iba contigo, sobre todo después de que en algunas ocasiones tu trato para conmigo era diferente y empecé a notar que ya no había la confianza de antes a pesar de que en otros momentos pareciera que así lo fuera. Si hubiera sabido lo que viviría en ese viaje a visitarte, muy posiblemente no te hubiera visitado y me hubiera quedado con la imagen de nuestra primera cita. Pero el agua es agua y las piedras son duras. La vida golpea para despertar y así lo hizo. Esos días si bien disfruté mucho el primer día que llegué y te vi (y vaya que te veías preciosa), el resto fueron muy duros, si bien existieron detalles que a mi persona fueron buenos para mi aprendizaje, en lo demás fue muy duro presenciar como había ya una distancia infranqueable entre tú y yo, que no supe en qué momento surgió. Además de que no cabía en mí lo que causabas en otras personas y que o no te dabas cuenta o ignorabas a propósito lo que sucedía.

el final…

Creo que lo que definitivamente sepultó lo que ingenuamente esperaba de ti, fue obtener como respuesta un “Feliz navidad” a un “te quiero” que te expresé como última oportunidad. De ahí, lo que posiblemente me alegró un poco el corazón ante esta decepción, fue cuando me llamaste para contarme sobre tus “aventuras” de navidad. De ahí, todo se volvió sequía.

Por lo tanto creo que es bueno agradecerte el que ya no me dieras entrada durante las siguientes materias que compartimos juntos y que solamente me buscaras para que te asesorara con alguna información sobre los proyectos. A final de cuentas esto terminó como empezó, como un compañerismo estudiantil, pues así fue como siempre me viste, creo yo… ¿o no?

FIN

Epílogo:

¿Sabes?, creo que está bien, acepto que me hayas hecho pasar por esto porque me hiciste recordar lo que en ocasiones hice de forma similar a otras personas (karma, dirían algunos). Aunque hubiera sido más noble de tu parte indicarme que estabas en otra relación y que te casarías. Pero a final de cuentas ¿qué somos en la vida de los demás? somos medios para llevar a cabo algo mucho más grande, así que me pregunto: ¿quién era yo para ti?.

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Bueno, debo admitir que esta historia es parte de mi vida, la comencé como una reflexión y me sirvió como un recuento de una ilusión que terminó. Y antes de que alguien se disponga a criticar ya fuera a la chica de la historia o a mi persona, mejor que se pregunte a sí mismo ¿de qué me sirvió esta historia?, ¿se relaciona con algo en mi vida?, me sentiría dichoso si dijeran que sí, y no porque me interese tanto que se pongan de mi lado (aunque la empatía ayuda), sino que hagan una reflexión sobre qué hicieron, hacen o harán al respecto.

Por mi parte me doy cuenta, ahora que transcribo estas líneas, que el vivir esta experiencia me hizo reconocer que sí me puedo enamorar, que sí puedo encontrar a alguien que me guste, que sí le puedo interesar (aunque hasta cierto punto), que tengo valores con respecto a la relación (si bien en su momento no quise tener sexo con ella en la primera visita, en la 3era tenía la apertura a la posibilidad). Por otra parte comprender mi miedo al compromiso y como ello afecta o entorpece las relaciones (y he visto que no soy el único), por otra parte si realmente no quisiera un compromiso no la hubiera visto en 3 ocasiones (aunado a que 2 veces hacer un viaje por alguien que me interesa, para mí sí que es un paso).

Comprendo también la forma en que me formo expectativas para una relación, y el temor ante el “NO” que podría haberme evitado algunos descalabros. Pero a final de cuentas la sabiduría de Dios (o de la vida, como quieran llamarle) es infinita y me hizo pasar por esto. A esta chica la recuerdo, pero recuerdo más lo que me hizo sentir y vivir, he trabajado mi proceso de cierre con ella, porque a final de cuentas yo me ilusioné e hice todo el jaleo, ella sencillamente encontró en mí a  alguien con quién salir de su proceso interno (esa es mi impresión). De que me gustaba, me gustaba. Y como decía al inicio, leo de vez en cuando lo que escribía, en parte como nostalgia y curiosidad, pero comprendiendo que ella ya no está en mi camino y tiene si vida aparte y que es mejor agregando también que muy posiblemente extraño más que extrañarla a ella, extraño el sentimiento que ella generaba en mí, aunque admito que sí me molestó un poco es que no me haya dicho nada. Pero ¿quién soy yo para juzgar?, supongo que lo mejor es que aprenda de esto, así como ella aprenderá en su momento algo con respecto a otras cosas.

Y bueno, a todo esto, un saludo a mis dos lectores, y todos aquellos que se toman la molestia en leer mis rarezas… y disculpen mis faltas ortográficas, a esta hora sencillamente no tuve humor para editar…

AMDG

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Empezamos un nuevo año, y creo que es importantísimo recordar un aspecto fundamental sobre el amor.

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Amar es ser vulnerable, es darle una oportunidad al otro de que nos haga daño, confiando en que no lo hará.

Un saludo a mis dos lectores y a todos aquellos que me regalan su visita y comentarios, y por supuesto, deseo que tengan ¡un excelente inicio de año!

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Con frecuencia creemos que las tragedias que nos suceden en la vida son para hacernos sufrir y no vemos la oportunidad de crecimiento que les acompaña.

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Todo sucede para algo… debemos de recordarlo siempre =)

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Muy sentida es la muerte cuando el padre queda vivo. (Séneca, Filósofo latino)

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La pérdida de un hijo

Si en ocasiones pensé que el tema de la perdida de  un hijo no tenía nada que ver conmigo, admito que me equivoqué. Dentro de mi serie de entradas “Cuando alguien se va” Inicialmente pensé dejar este escrito al último, pensando que no tendría mucha relación conmigo, pero lo reconsideré cuando tuve  la oportunidad de volver por televisión una película muy conocida dentro del cine Mexicano: “Ustedes los ricos” (ficha IMDB)  en donde hay una escena muy conmovedora sobre la muerte de “torito”, el hijo del personaje principal llamado “Pepe el toro” (Protagonizado por Pedro Infante), si bien vale la pena ver toda la película para contextualizar y comprender mejor la escena, para mí no deja de ser desgarrador ese momento por el simple hecho de ver a un padre llorar por su hijo. Como espectador soy mudo testigo de como por momentos “Pepe el toro” imagina a su hijo vivo y que juega inocentemente para después despertar a la cruda realidad de tenerlo muerto entre brazos.

Esta película, que estuve viendo en compañía de mi madre nos movió a ambos el sentimiento y no un sentimentalismo barato como el que ofrece la programación basura que hoy en día tristemente ofrecen algunas televisoras nacionales (por ello mi insistencia de ver completa la película). ¿Pero qué relación tiene esta película con el tema de la pérdida de un hijo? pues que han cambiado algunas cosas de cuando contemplé redactar esta entrada y que la película sencillamente ayudó a detonar y conjuntar las ideas para ponerlas por escrito. Recuerdo inclusive una plática alusiva a este tema, en la que un terapeuta amigo mío que me explicaba de como por medio del cine, el inconsciente usa las situaciones proyectadas para trabajar nuestros asuntos internos que aún están pendientes por resolver (por eso en ocasiones lloramos, porque se mueven esas fibras sensibles) y es por eso que aprovecho este espacio y el recuerdo de la película para platicar mis experiencias y punto de vista personal ante este tema.

La pérdida no tiene que ser física

Por entrada se pensaría que cuando se pierde a un hijo, es por medio de la muerte y no siempre es así. Existe la separación del hijo de los padres en cuanto al trato y convivencia.  Los motivos pueden ser diversos pero al menos los casos que he conocido se han dado porque los hijos no saben (¿o no sabemos?) manejar adecuadamente las situaciones que afrontan los padres y que solo a ellos competen, pero curiosamente así como los papás buscan intervenir y arreglar los problemas de los hijos y se “conflictúan” al no poder resolverlos (o que los hijos no les dan entrada para dialogar) lo mismo sucede con los hijos y su intención para con los padres, lo cual conlleva al distanciamiento y posterior resentimiento, haciendo un abismo complicado de cruzar posteriormente.  Cuando me he puesto en el lugar de los padres es muy doloroso el sentimiento que tienen al saber que su hijo no desea saber de ellos y ante los torpes intentos de acercarse a  los hijos, a veces los papás empeoran las cosas, considero que eso es como morir poco a poco, un saber que tu hijo está ahí, y a la vez saber que hay un odio o resentimiento que no le permite acercarse a ti y a la vez no te permite acercarte. También entiendo que la posición de muchos padres es como la de sus homólogos dentro de la parábola del hijo pródigo, de estar dispuestos de recibirle con los brazos abiertos cuando este decida regresar, después de haber aprendido lo que debía de aprender. Lo único que pienso ante esto con los hijos que se alejan de los padres, es que lamento lo dolorosa que será su recuperación cuando comprendan lo que está sucediendo e intenten reparar el lazo con quienes ya no están en vida.

"Madre sufriendo por su hijo muerto / Mother grieving over her Dead Child" / George Minne Yeso, 15,9 x 46,1 x 28,2 cm., 1886. Museum of Fine Arts (Gante, Bélgica)

“Madre sufriendo por su hijo muerto / Mother grieving over her Dead Child” / George Minne
Yeso, 15,9 x 46,1 x 28,2 cm., 1886. Museum of Fine Arts (Gante, Bélgica)

Cuando el hijo se va antes que el padre o la madre

En el apartado anterior, comentaba el caso del hijo pródigo que se va de casa a vivir la vida muy a su manera, dejando acongojado el corazón del padre. Afortunadamente hay una ligera esperanza dentro de éste, de que el hijo estará bien, salga adelante, sea feliz y/o que pueda volver a saber de él. Pero ¿qué sucede cuando las expectativas, sueños e ilusiones que tenía para el hijo se cortan de tajo ante la muerte de éste?, esto es parte de lo que pensé y sentí cuando vi a “Pepe el toro” imaginando ver a su hijo jugando y comiendo. Si yo como individuo tengo planes e ilusiones para mi persona, ¿cómo no las voy a tener para con mis hijos?. He estado cerca de amistades y familiares que han perdido a sus hijos, unos pequeños, otros siendo jóvenes o recién casados. Y es tan doloroso sentir el sufrimiento de esos padres que no logran comprender como sucedieron las cosas, aquella chiquilla que apenas un par de días antes de su deceso reía y jugaba mientras la vestían o alimentaban, o de aquel joven que tenía tantos sueños mientras cursaba su carrera antes de caer enfermo, o sencillamente la ilusión de ver a su hijo disfrutar su matrimonio y prepararse para tener hijos.
Y estas muertes dejan a los padres incompletos, si en la pérdida no física los padres morían de poco a poco, aquí pareciera que mueren por completo al no entender por qué se les arrebata algo que por principio de cuentas consideraban suyo (por algo era su hijo) y aunque las religiones y creencias les digan o les ayuden a reinterpretar el suceso, no deja de aparecer el sentimiento de “era mi hijo, por qué me lo arrebataron?“, “¿por qué a él y no a mí?”, sumado al sentimiento de impotencia, negación y rebeldía que se acrecienta según la forma en que se suscitó la muerte, no quiero imaginar lo doloroso que sería esto si fueran varios hijos los que murieran.

Mi percepción personal

Sinceramente creo que mi opinión importa poco en este punto, pues nada de lo que diga puede aliviar el dolor de un padre ante la pérdida de un hijo, ya sea física o no. Pero creo que soy capaz de percibir y de comprender al menos un poco del sufrimiento que viven en ese momento. Me parte tanto el corazón ver a los padres llorar por sus hijos y sé que nada de lo que diga les aliviará su dolor y lo único que puedo brindar es mi escucha y compasión. Nadie merece sufrir, mas sin embargo lo hacemos. Aún no tengo la conciencia para manejar la muerte de quien sea (inclusive la mía), como un proceso natural de la vida. Pero es el apego hacia las expectativas no cumplidas lo que me duele (o dolerá, según el caso).

Creo que la única manera de aminorar el dolor de mis padres en caso de que yo llegase a morir antes que ellos (como adulto), es viviendo en plenitud y siendo feliz, pues considero que será la única forma en que ellos (mis papás) sentirán que han realizado adecuadamente su labor al darme la vida y formarme. ¿Y en el caso de los hijos pequeños?, valdría la pena pensar como niño nuevamente, y recordar qué quería yo de mis padres cuando era chiquillo, porque más que juguetes y cosas físicas, lo que más quería  era sencillamente ser amado (y por amor me refiero al que implica inclusive corregir) y permitirme ser auténtico.

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Muchos me preguntarán el por qué escribo sobre este tema si no tengo hijos, y tienen razón. El que no los tenga no evita que pueda sentir y comprender. En este tiempo he vivido experiencias  y conocido a personas que me han abierto el corazón ante sus vivencias. Tomo de ellas su dolor y aprendizaje y lo uno al mío. Sé que en su momento yo podría atravesar por algo así y dependerá de mí ver la manera de salir adelante.

Mientras tanto, agradezco a todos con quienes he convivido y que me han permitido aprender de ellos. Bendiciones y pronta resolución en sus situaciones, sé que pronto encontrarán el motivo del para qué están viviendo tan dolorosos momentos.

Un saludo a mis dos lectores

AMDG

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Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte.  (Leonardo Da Vinci , Pintor, escultor e inventor italiano)

desempleo

Perder un trabajo

Parecería que el trabajo no tiene mucha importancia en la vida de las personas, y que no debería equipararse con la pérdida de un ser querido,  a mi punto de vista es un tema también complicado pues lo profesional trastoca lo personal suponiendo que trabajamos en lo que nos agrada o nos conviene y que estamos a gusto construyéndonos ilusiones o expectativas  (o al menos lo soportamos, según el caso). En este aspecto no puedo decir mucho, pues es una etapa por la cual he estado atravesando de manera irregular desde hace tiempo, pero considero que a manera personal en ella también se viven las etapas del duelo que menciona Elisabeth Kübler-Ross y que sin ser experto en el tema pudiera compartir mi sentir con ellas.

  1. Negación y aislamiento: puede ser que digas que sí tienes trabajo, porque estás a la espera de que te vuelvan a buscar para decirte que fue un error y que regreses a incorporarte, o que en otra parte de la organización te darán cabida, cuando eso no pasa, entonces empiezas a evadirte de las personas para que no te busquen ni te pregunten sobre tu situación y recordarte que no tienes trabajo.
  2. Ira: pensar situaciones llenas de resentimiento tales como  “los demás son los culpables”, “había otros haraganes en el trabajo”, “¿por qué me tocó a mí, si yo buscaba hacer las cosas bien?” o que había un “complot” hacia mi persona, o sencillamente que el superior tenía miedo y me desbancó para que no le quitara la chamba ¿quién no ha pensado eso?
  3. Pacto: dejar de culpar a otros y tratar de reconciliarme con quienes conflictué
  4. Depresión: Sentimiento de desánimo, de no buscar, de quedarse estancado pensando que los demás son mejores, que soy un fracaso y que no tengo nada que ofrecer
  5. Aceptación: comprender poco a poco la situación y salir adelante, encontrar otras cosas que motiven, entendiendo los altibajos que la vida presenta, y que hay que seguir adelante por el hecho de que es más sano seguir que quedarse estancado.

Sin intención de profundizar más en cada etapa, he conocido pocas personas que al quedarse sin trabajo, se quedan en el sentimiento de ira (pues lo toman como injusticia) y aunque posiblemente encuentren otro trabajo se quedan instalados en el resentimiento hacia el antiguo lugar de trabajo o persona que creen causó la perdida (justificada o injustificadamente). Desde mi experiencia admito que he atravesado por las primeras 4 (aunque la fase de ira en ocasiones va y viene, ja) y considero que empiezo a transitar la fase de la aceptación. Sobre todo porque hace algunas semanas me di cuenta de como la relación con mi padre que de una u otra forma me ha marcado en mi desempeño laboral al relacionarme con mis superiores, aunque creo que esto lo tendría que describir más a detalle en otro post.

Y aunque afortunadamente he encontrado trabajo, de acuerdo a mi aprendizaje interno,  sé que aún tengo algo que trabajar con respecto a ello por mi incapacidad de soltarme de algunas ataduras que me mantienen aún dónde estoy en estos momentos. comprendo también que en cierta forma la manera en que yo perdí mi empleo fue de una manera “anunciada” (en ambos casos de una manera por demás estúpida creo yo) lo que suavizó un poco la situación, aunque no siempre es así, pues sé de casos en los cuales las personas llegan a laborar normalmente su jornada, y poco antes de retirarse les indican que están despedidos y pasen a recoger sus pertenencias. Otra situación parecida y lamentable es la de las jubilaciones con personas mayores que se retiran de trabajar porque no tienen opción o los “jubilan” obligatoriamente, con lo cual después de un ritmo de vida ya establecido que les provee de cierta seguridad, pasan de un día para otro a una nueva etapa (a la que posiblemente no estaban preparados) provocándoles una serie de conflictos e incertidumbres, aunque no todas las jubilaciones son traumáticas, depende de la forma en que hayan sido planeadas se dará el proceso hasta llegar a la aceptación.

Si bien sabemos que vamos a morir, no siempre pensamos en ello, y lo mismo sucede con el trabajo. Si a ello sumamos que al menos dentro de la sociedad mexicana de clase media se tiene un arraigo ideológico de que los trabajos son para siempre hasta jubilarse, no se tiene contemplado quedarse sin trabajo hasta que nos sucede. Pero así como de la muerte de un familiar se avanza y se sale con cierta fortaleza, lo mismo sucede con el trabajo. Se crece en fortaleza y consciente que el siguiente trabajo no será eterno (como la vida), pero habemos quienes aún no lo entendemos con facilidad…

Un saludos para mis dos lectores…

AMDG

PD: Debo señalar que esta entrada fue un poco complicada de redactar, porque precisamente le tengo una cierta resistencia al tema, obviamente eso habla más de mí que de la situación de trabajo actual, y no se diga de una de mis siguientes entradas relacionadas a las parejas…

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