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Posts Tagged ‘Eduardo Galeano’

La noche/1

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una Mujer atravesada en la garganta. (Eduardo Galeano)

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Son pasadas de las 3 de la mañana ya y Miguel no deja de revolverse en la cama, han pasado años desde que la vio por última vez, la música de una fiesta-borrachera vecinal se cuela por la ventana y adereza ese sentimiento de nostalgia e incomodidad. Sabe bien que quisiera saber que ha sido de esa persona, pero ese último adiós le dejó un mal sabor de boca y profunda decepción. Le ha tenido presente en todo este tiempo, pero es demasiado orgulloso para expresarlo, porque sabe que si lo hace lo tomarán por tonto e ingenuo, ¿pero no fue así como lo hicieron sentir en esa última vez?. Vuelve a removerse entre las sábanas, siente un calor molesto en la habitación que el murmullo del ventilador no logra aplacar, más sin embargo dentro de sí mismo siente el aguijón frío de la desconcertante duda en su corazón.

Se incorpora hasta sentarse en la orilla de la cama, una noche más se dice a sí mismo, se siente abatido ¿qué se puede hacer en estos casos?, busca a tientas el frasco de aspirinas, sabe que ese par de cervezas y tequila que bebió se convertirán en un dolor de cabeza más tarde, y más aún con la falta de sueño que le acosa últimamente.

Con movimiento pasmoso recorrió la cama, deslizando un poco a ciegas el brazo por la mesita de noche. La luz de luna que de ordinario le provocaba los mejores versos para recitar y calmar a esos viejos recuerdos, no está presente en este momento y no puede ver nada, así que derrama el vaso con agua junto al frasco de pastillas y una lata vacía de cerveza. (¡demonios! -pensó-, necesito poner una luz de noche ).

Torpemente y de mala gana se levantó y dirigió al baño, al encender la luz del baño el espejo le devolvió un poco a la realidad de la situación. Su rostro hinchado por la falta de sueño, sus ojos enmarcados por las patas de gallo, mas  esas canas (que aparecieron sin ser invitadas) tiñendo su melena, no fueron un gran estímulo para calmar ese dolor de cabeza que empezaba a antenazar sus sentidos (los años no pasan en balde, -se dijo a modo de lamento y excusa-). Llenó el vaso con agua, tomó los analgésicos y sin despegar su mirada de ese espejo delator, pasó su mano por su pelo encrispado haciendo resaltar sus canas, y posteriormente la deslizó hacia su barba semicrecida haciendo un gesto con su boca. Lanzó una ultima y hosca mirada de reproche hacia su reflejo para después moverse hacia el sanitario, vaciar su vejiga y apagar la luz.

Nuevamente en cama, Miguel volvió a sentir las tenazas de la incertidumbre aprisionando su corazón.

Tenía su nombre y su recuerdo grabado vivamente en su mente, sintiendo que si se descuidaba, la imagen de esa mujer atravesaría sus ojos y párpados como una película y se proyectaría en la pared a la vista de todo mundo. Quería decir su nombre para decirle que al menos por esta vez le dejara descansar un poco más, estuvo a punto de murmurarlo pero una mano femenina se posó sorpresivamente en su entrepierna y en el sobresalto de la realidad le hizo recordar y brotar de su garganta el nombre de Ana, su mujer.

Fin

 

Bueno, tenía muuuuuuuuucho de no escribir….. de hecho tuve que escribir unos párrafos aparte a manera de catarsis para despejar mi mente, y mientras escuchaba algo de música del Buen Michel Jarré terminé mi desahogo y se me vino a la mente escribir lo anterior.

Anteriormente había escrito algo usando el cuento “La noche/2” de Eduardo Galeano, pero no me funcionó tanto como hubiera querido (de hecho no recuerdo bien como lo desarrollé), y como es mi costumbre, cuando me llega la inspiración, requiero darle salida porque si no, ya no la escribo… jaja

Parte de mis vivencias las veo plasmadas aquí*. No tiene caso decir cuáles son, si te sientes identificado con algo, ¡genial!, eso es lo que importa.

Un abrazo a mis dos lectores =)

 

AMDG

*(Bueno, una vivencia es la hora en que me puse a redactar… entre 2:00 y 3:00 am)

 

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El mundo
(Eduardo Galeano, adaptación del cuento del mismo nombre)

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Durante mis acostumbradas noches en vela, acompañaba mi solitaria introspección con un vaso de licor y el sonido lejano de la ciudad…

En un intento sereno de despejarme de mis problemas, intenté simular sin éxito una conversación con el eterno (en otros lugares y en otros tiempos a esto le dirían oración, pero para mí en ese momento era una simple conversación).

Infructuosamente busqué palabras adornadas y agradecidas, pero lo único que salía de mi boca eran frases extrañas disparatadas. Decepcionado del intento de ambos (del ser eterno y yo) de lograr una conexión, decidí tomarme el resto de mi bebida y dar por terminada mi sesión de acostumbrada reflexión.

Acostado ya en mi cama esperé el efecto del alcohol, confiando que para mañana las cosas pintarían mejor que hoy. Poco a poco y suavemente, el rumor de una lluvia lejana que se acercaba con paso veloz, fue envolviendo mis sentidos en un delicado y sublime sopor…

Al siguiente momento, desperté sobresaltado sin saber en donde estaba, pues una espesa niebla a mi sentido de la vista importunaba. Pero había algo de lo que estaba seguro y es que solo no me encontraba, pues sentía la presencia de alguien que todo el espacio y mi ser llenaba.

Al disiparse la bruma me hice consciente de mi posición, en el cielo me encontraba y podía observar al mundo en todo su esplendor. Lo llamativo de este asunto es que no era el mundo al que estaba acostumbrado a ver en los mapas y en la TV. Era aún más interesante, pues en la inmensidad de la noche, parecía más bien una pelota con luces en su interior, como si miles de luciérnagas de fuego se desplazaran al azar, aumentado y disminuyendo su brillo al moverse de lugar.

Asombrado de lo que veía y que no tenía comparación, toda mi alma entera se llenó de profunda admiración. Y la voz de aquel que me acompañaba, susurró en mi corazón y hablando con intención serena me confió un secreto revelador:

El mundo es un mar de fuegos, donde cada alma un fueguito es, y así como no hay dos almas iguales no encontrarás nunca dos fuegos iguales. Encontrarás fuegos grandes y chicos, de gente serena que apenas se mueven a pesar de la intensidad de fuertes vientos y fuegos que parpadean con la más mínima brisa. Descubrirás fuegos de colores según la emociones que los dominen. Te sorprenderás con fuegos inútiles que apenas alumbran o calientan. Pero también te sentirás atraído por aquellos fuegos intensos, propios de un alma que vive con tanta pasión que contagian de calor y chispas a todo su alrededor, cuya intensidad no disminuye conforme comparte con los demás su luz y energía, y todo aquel que se acerque a ellos inevitablemente arde  y enciende un nuevo calor por la vida. Sí, el mundo es como un mar de fuegos… ¿qué tipo de fuego quieres ser tú ahora?

Con esa pregunta, retumbando en mi interior, poco a poco y lentamente desperté una vez más en mi habitación. La luz del día y el aroma a tierra mojada que la lluvia de la noche dejó, iluminaban y refrescaban todo a mi alrededor. Decidido, tomé un lápiz y papel, permitiendo que el fuego de mi interior salga por  medio de estas letras y te contagien de mi calor…

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Bueno, tenía rato de no escribir, me ha sido complicado poner en letras experiencias y aprendizajes muy personales. Confieso que me dispuse a a escribir esta entrada porque observé que las estadísticas de mi blog se elevaron de manera inusual en este día, y  tomé como un incentivo el que alguien desconocido se tomara la molestia de leerme, lo cual agradezco, porque un escritor no es escritor sin un lector. Estoy consciente de que me falta mucho por desarrollarme, y esto no se logrará si no escribo. Así que motivado por lo anterior e inspirado por leer algunas noticias un grupo de compañeros con quienes estuve un corto tiempo participando de narrador oral,  dejé a un lado mi temor, tomé un libro titulado “taller de escritura” y resolví abrirlo al azar, elegí un ejercicio al azar y lo llevé a cabo. De esta forma que no me sentiría presionado por hacer un escrito complicado y confuso, y empezaría a ejercitar nuevamente mi gusto por escribir a la vez que podría divertirme con ello.

El ejercicio elegido en el libro fue: #603 ” Nuevas versiones: Toma un cuento breve ya escrito de algún autor reconocido y Reescribe la historia”, así que el cuento elegido fue “El mundo” del escritor uruguayo Eduardo Galeano, desde tiempo atrás tenía el deseo de hacer una adaptación de ese cuento y pues aproveché la ocasión. Me sentí a gusto dejando fluir las primeras ideas, aunque hubo momentos en que me atoré pero poco a poco lo terminé, al mismo tiempo estuve consciente de que era un ejercicio y que tenía tiempo de no escribir. Lo interesante fue que que cuando lo terminé, el primer final no me satisfizo, así que hice una pausa para despejarme y re enfocarme hasta que di con el final que me agradó y me hizo sentir ese “¡wow!“.

Para terminar, quiero expresar que tengo mucho para escribir, siento que es mi manera de sacar parte de mi ser, observarme y comprenderme mejor, y si lo que escribo es de ayuda en algún momento a alguien más, pues ¡qué mejor!.
Nuevamente, un saludo a mis dos lectores y mi agradecimiento a todos los demás…

AMDG

 

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A la casa de las palabras, soñó Helena Villagra, acudían los poetas. Las palabras, guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas y se les ofrecían, locas de ganas de ser elegidas

Aquella tarde, Miguel llegó a casa de su abuela Helena, se le notaba molesto y desanimado, tanto, que ni siquiera se dio cuenta que sobre la mesa se encontraba puesta la merienda. Su abuela, extrañada ante la actitud de Miguel, le preguntó qué le sucedía, y éste con un tono de desgano y reproche le respondió que en la escuela le habían encargado de tarea para la siguiente clase escribir  un poema, el cuál podría ser sobre el tema que desearan. Esto le frustraba mucho, pues decía que la poesía eran cursilerías y que por más que buscaba escribir esas cosas, no se le ocurría nada por el estilo, pero en el fondo, muy en el fondo, Miguel quería escribir un poema pero sentía que no podía, pues en lo único en que su mente pensaba era en futbol, robots y lucha libre, pero nada de palabras tan complicadas o pretenciosas que (dicho sea de paso) poco se le daban.

Su abuelita Helena, que les escuchaba con dulce paciencia le respondió que la poesía no eran cursilerías y que fuera paciente, pues poco a poco con el tiempo aprendería  a escribirla. Mientras tanto, le insistió que pasara a merendar y como se veía cansado y frustrado,  le sugirió que dejara de pensar en la tarea  y que disfrutara la cena. En el transcurso de esta, Miguel saboreaba las rebanadas de pan con mantequilla a las cuales les untaba generosas porciones de jalea que tomaba de los frascos sobre la mesa, daba grandes bocados  que luego aligeraba con rápidos traguitos de ese delicioso café de olla que tan rico le quedaba a su abuelita.

Al terminar la merienda Miguel se sintió satisfecho y algo somnoliento, así que su abuelita le sugirió que fuera a recostarse en la hamaca que había en el patio. A pesar de estar soleado el día se sentía delicioso, sólo a lo lejos se podía divisar que tras los cerros que se elevaban frente a él se filtraban unos negros nubarrones que comenzaron a soltar la lluvia contenida en ellos, creando así un suave rumor que aumentó de intensidad a medida que las nubes se acercaron a la casa de la abuela Helena, arrullando con su sonido a Miguel hasta que quedó completamente dormido.

Cuando abrió los ojos,  Miguel se encontraba frente a una casa que se le hacía conocida y en cuya entrada estaba colocado un gran letrero el que se leía: “bienvenido a la casa de las palabras“, al entrar en ella observó que en vez de muebles había anaqueles, muchos anaqueles en cuyas repisas se encontraban frascos de vidrio de diferentes formas y suaves colores. Frente a cada anaquel se encontraba un letrero y al acercase a uno de ellos leyó que estaba escrita la palabra “pruébame“, por lo que tomó con cuidado uno de los frascos y al abrirlo observó que su interior había un brillo especial, con cautela introdujo uno de sus dedos y al retirarlo notó como brillaba con una suave intensidad y cuando lo llevó a sus labios se sorprendió al percibir un sabor exactamente igual a los panes con mermelada que había comido hacía unos momentos  con su abuelita.

Impresionado, abrió uno de los frascos que se encontraba al lado y al probar su interior, éste le supo al pollito con mole que preparaba su mamá y que tanto le gustaba; emocionado abrió un frasco mas y el contenido era sabor arroz con leche, ese que preparaba su tía Tere y que a todos en casa les encantaba.
En otro anaquel vio una etiqueta que decía “mírame” y al revisar el interior de los frascos se sorprendía de aquello que encontraba, pues eran fragmentos de paisajes y sucesos que había presenciado anteriormente, como por ejemplo aquella vista nocturna de la ciudad desde el mirador principal y que le inspiraba muchas historias,, en otro frasco vio a Andrea, aquella chica que se sentaba a un lado suyo y que cada que la veía sentía como su corazón latía con intensidad.
A sus espaldas había otro anaquel que decía “escúchame” y en sus frascos podía escuchar el suave rumor de las olas del mar que al golpear suavemente la costa parecían emitir unas relajantes notas musicales, en otro recipiente podía oír las risas y pláticas de su hermano mayor que debido al trabajo ya no vivía en casa pues se encontraba en otra ciudad pero su voz se sentía tan cercana que sentía como si estuviera ahí con él…

Y así como estos anaqueles, había muchos mas en los que Miguel podía ver, oler, escuchar y sentir. El contenido de muchos frascos eran muy agradables y divertidos, pero otros no tanto, pues se encontró con algunos cuyo interior le entristecía y hasta le provocaron derramar algunas lágrimas que no pudo evitar cuando les revisaba.

Con todo esto, Miguel pasó largo tiempo en la casa de las palabras y tal parecía que no quería marcharse de ahí hasta que poco a poco le fue ganando el sueño, justo cuando revisaba un recipiente en cuyo interior parecía habitar un arcoiris y que le traía a la memoria la visita a un colorido mercado de la ciudad que tanto le gustaba visitar con sus papás.
En ese lugar recordó cuando le ofrecieron una deliciosa manzana que tomó y que ya dirigía hacia su boca con avidez cuando despertó y se dio cuenta que tenía su mano levantada cerca de su cara.

Su abuela Helena que se encontraba a un lado suyo le miraba con curiosidad mientras bordaba un mantel.
-“¿Qué soñabas Miguelito?” Le preguntó su abuelita con tono de curiosidad y dulzura.
-“Soñé…” -hizo una ligera pausa- “¡soñé que sí puedo escribir poesía abuelita!

Y de un brinco se paró, le dio un beso en la mejilla y salió corriendo hacia la calle, con su corazón lleno de recuerdos, palabras y vida…

Fin =3

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Otro cuento adaptado de Eduardo Galeano, este es mas extenso y requiero revisar que no me exceda de 5 minutos para narrarlo o tendré que tijeretearle algunas cosas para ajustarme a los tiempos. Tengo otros cuentos mas para adaptar, pero primero requiero que mi maestra me de el VoBo de este, para saber que no ando tan perdido.
Espero les guste =)

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