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Posts Tagged ‘hijos’

El consumismo tecnológico-digital nos absorbe y si no tenemos cuidado, nos arrastrará sin darnos cuenta. Este es un contrato que una madre dio a su hijo junto a un anhelado Iphone. Vale la pena leer con cuidado.

 

  1. Es mi teléfono. Yo pagué por él. Yo te lo presto a ti. ¿No soy la mejor?
  2. Yo siempre conoceré la contraseña.
  3. Si suena, contesta. Es un teléfono. Di “hola”, haz gala de tus modales. Jamás ignores una llamada si en la pantalla se lee “Mamá” o “Papá”. Jamás.
  4. Le darás el teléfono a uno de tus progenitores de inmediato a las 19h30 cada día de colegio y a las 21h el fin de semana. Estará apagado toda la noche y se volverá a encender a las 7h30. Si no harías una llamada al teléfono fijo de alguien, donde sus padres pueden contestar, tampoco llames o envíes mensajes con el móvil. Escuchas esos instintos y respeta a las otras familias como nos gusta que nos respeten a nosotros.
  5. No irás al colegio con él. Conversa en persona con la gente a la que envías mensajes. *Los días de media jornada, las excursiones y las actividades extraescolares requerirán consideraciones especiales.
  6. Si se cae en el baño, se golpea contra el suelo o se esfuma en el aire, eres el responsable de los costes de sustitución o reparación. Corta el césped, haz de canguro, ahorra dinero de tu cumpleaños. Si ocurre, tendrás que estar preparado.
  7. No uses la tecnología para mentir, hacer tonterías o engañar a otro ser humano. No te involucres en conversaciones que sean dañinas para los demás. Sé un buen amigo.
  8. No envíes mensajes, correos electrónicos o digas nada a través de este medio que no dirías en persona.
  9. No envíes mensajes, correos electrónicos o digas a alguien algo que no le dirías en voz alta y en presencia de sus padres. Autocensúrate.
  10. Nada de porno. Busca en la web información que compartirías abiertamente conmigo. Si tienes alguna duda sobre algo, pregunta a una persona. Preferiblemente, a tu padre o a mí.
  11. Apágalo, siléncialo, déjalo a un lado en público. Especialmente en restaurantes, en el cine o mientras hablas con otro ser humano. No eres una persona maleducada, no dejes que el iPhone cambie eso.
  12. No envíes ni recibas imágenes de tus partes íntimas o de las partes íntimas de cualquier otra persona. No te rías. Algún día estarás tentado de hacerlo, a pesar de tu gran inteligencia. Es arriesgado y puede arruinar tu vida adolescente/joven/adulta. Es siempre una mala idea. El ciberespacio es vasto y más poderoso que tú. Y es difícil hacer que algo de esa magnitud desaparezca, incluyendo una mala reputación.
  13. No hagas tropecientas fotos o vídeos. No hay necesidad de documentarlo todo. Vive tus experiencias. Quedarán registradas en tu memoria toda la eternidad.
  14. Deja tu móvil en casa a veces y siéntete protegido y seguro de esa decisión. No está vivo ni es ninguna extensión de tu cuerpo. Aprende a vivir sin él. Sé mejor y más poderoso que FOMO [en inglés, siglas de “fear of missing out”, el miedo a perderse algo que está ocurriendo, a no estar siempre conectado].
  15. Bájate música que sea nueva o clásica o diferente de la que millones de tus semejantes escuchan, que es siempre lo mismo. Tu generación tiene un acceso a la música mayor que cualquier otra en la historia. Aprovéchate de ese regalo. Expande tus horizontes.
  16. Practica juegos de palabras, puzzles o rompecabezas de vez en cuando.
  17. Mantén tus ojos arriba. Observa el mundo que sucede a tu alrededor. Mira por la ventana. Escucha a los pájaros. Date un paseo. Habla con un desconocido. Pregúntate sin buscar en google.
  18. Te harás un lío. Te quitaré el teléfono. Nos sentaremos y hablaremos sobre ello. Volveremos a empezar. Tú y yo siempre estamos aprendiendo. Estoy en tu equipo. Estamos juntos en esto.

Una observación que hace la mamá es que este reglamento no aplica solamente al teléfono, sino también a otros aspectos de la vida.

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Artículo tomado del sitio: http://www.theclinic.cl/2013/09/28/toma-nota-las-18-reglas-que-dicto-una-madre-al-regalarle-un-iphone-a-su-hijo/

 

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Muy sentida es la muerte cuando el padre queda vivo. (Séneca, Filósofo latino)

http://www.webcurioso.com/wp-content/uploads/2012/09/despedida-de-un-padre-y-su-hijo.jpg

La pérdida de un hijo

Si en ocasiones pensé que el tema de la perdida de  un hijo no tenía nada que ver conmigo, admito que me equivoqué. Dentro de mi serie de entradas “Cuando alguien se va” Inicialmente pensé dejar este escrito al último, pensando que no tendría mucha relación conmigo, pero lo reconsideré cuando tuve  la oportunidad de volver por televisión una película muy conocida dentro del cine Mexicano: “Ustedes los ricos” (ficha IMDB)  en donde hay una escena muy conmovedora sobre la muerte de “torito”, el hijo del personaje principal llamado “Pepe el toro” (Protagonizado por Pedro Infante), si bien vale la pena ver toda la película para contextualizar y comprender mejor la escena, para mí no deja de ser desgarrador ese momento por el simple hecho de ver a un padre llorar por su hijo. Como espectador soy mudo testigo de como por momentos “Pepe el toro” imagina a su hijo vivo y que juega inocentemente para después despertar a la cruda realidad de tenerlo muerto entre brazos.

Esta película, que estuve viendo en compañía de mi madre nos movió a ambos el sentimiento y no un sentimentalismo barato como el que ofrece la programación basura que hoy en día tristemente ofrecen algunas televisoras nacionales (por ello mi insistencia de ver completa la película). ¿Pero qué relación tiene esta película con el tema de la pérdida de un hijo? pues que han cambiado algunas cosas de cuando contemplé redactar esta entrada y que la película sencillamente ayudó a detonar y conjuntar las ideas para ponerlas por escrito. Recuerdo inclusive una plática alusiva a este tema, en la que un terapeuta amigo mío que me explicaba de como por medio del cine, el inconsciente usa las situaciones proyectadas para trabajar nuestros asuntos internos que aún están pendientes por resolver (por eso en ocasiones lloramos, porque se mueven esas fibras sensibles) y es por eso que aprovecho este espacio y el recuerdo de la película para platicar mis experiencias y punto de vista personal ante este tema.

La pérdida no tiene que ser física

Por entrada se pensaría que cuando se pierde a un hijo, es por medio de la muerte y no siempre es así. Existe la separación del hijo de los padres en cuanto al trato y convivencia.  Los motivos pueden ser diversos pero al menos los casos que he conocido se han dado porque los hijos no saben (¿o no sabemos?) manejar adecuadamente las situaciones que afrontan los padres y que solo a ellos competen, pero curiosamente así como los papás buscan intervenir y arreglar los problemas de los hijos y se “conflictúan” al no poder resolverlos (o que los hijos no les dan entrada para dialogar) lo mismo sucede con los hijos y su intención para con los padres, lo cual conlleva al distanciamiento y posterior resentimiento, haciendo un abismo complicado de cruzar posteriormente.  Cuando me he puesto en el lugar de los padres es muy doloroso el sentimiento que tienen al saber que su hijo no desea saber de ellos y ante los torpes intentos de acercarse a  los hijos, a veces los papás empeoran las cosas, considero que eso es como morir poco a poco, un saber que tu hijo está ahí, y a la vez saber que hay un odio o resentimiento que no le permite acercarse a ti y a la vez no te permite acercarte. También entiendo que la posición de muchos padres es como la de sus homólogos dentro de la parábola del hijo pródigo, de estar dispuestos de recibirle con los brazos abiertos cuando este decida regresar, después de haber aprendido lo que debía de aprender. Lo único que pienso ante esto con los hijos que se alejan de los padres, es que lamento lo dolorosa que será su recuperación cuando comprendan lo que está sucediendo e intenten reparar el lazo con quienes ya no están en vida.

"Madre sufriendo por su hijo muerto / Mother grieving over her Dead Child" / George Minne Yeso, 15,9 x 46,1 x 28,2 cm., 1886. Museum of Fine Arts (Gante, Bélgica)

“Madre sufriendo por su hijo muerto / Mother grieving over her Dead Child” / George Minne
Yeso, 15,9 x 46,1 x 28,2 cm., 1886. Museum of Fine Arts (Gante, Bélgica)

Cuando el hijo se va antes que el padre o la madre

En el apartado anterior, comentaba el caso del hijo pródigo que se va de casa a vivir la vida muy a su manera, dejando acongojado el corazón del padre. Afortunadamente hay una ligera esperanza dentro de éste, de que el hijo estará bien, salga adelante, sea feliz y/o que pueda volver a saber de él. Pero ¿qué sucede cuando las expectativas, sueños e ilusiones que tenía para el hijo se cortan de tajo ante la muerte de éste?, esto es parte de lo que pensé y sentí cuando vi a “Pepe el toro” imaginando ver a su hijo jugando y comiendo. Si yo como individuo tengo planes e ilusiones para mi persona, ¿cómo no las voy a tener para con mis hijos?. He estado cerca de amistades y familiares que han perdido a sus hijos, unos pequeños, otros siendo jóvenes o recién casados. Y es tan doloroso sentir el sufrimiento de esos padres que no logran comprender como sucedieron las cosas, aquella chiquilla que apenas un par de días antes de su deceso reía y jugaba mientras la vestían o alimentaban, o de aquel joven que tenía tantos sueños mientras cursaba su carrera antes de caer enfermo, o sencillamente la ilusión de ver a su hijo disfrutar su matrimonio y prepararse para tener hijos.
Y estas muertes dejan a los padres incompletos, si en la pérdida no física los padres morían de poco a poco, aquí pareciera que mueren por completo al no entender por qué se les arrebata algo que por principio de cuentas consideraban suyo (por algo era su hijo) y aunque las religiones y creencias les digan o les ayuden a reinterpretar el suceso, no deja de aparecer el sentimiento de “era mi hijo, por qué me lo arrebataron?“, “¿por qué a él y no a mí?”, sumado al sentimiento de impotencia, negación y rebeldía que se acrecienta según la forma en que se suscitó la muerte, no quiero imaginar lo doloroso que sería esto si fueran varios hijos los que murieran.

Mi percepción personal

Sinceramente creo que mi opinión importa poco en este punto, pues nada de lo que diga puede aliviar el dolor de un padre ante la pérdida de un hijo, ya sea física o no. Pero creo que soy capaz de percibir y de comprender al menos un poco del sufrimiento que viven en ese momento. Me parte tanto el corazón ver a los padres llorar por sus hijos y sé que nada de lo que diga les aliviará su dolor y lo único que puedo brindar es mi escucha y compasión. Nadie merece sufrir, mas sin embargo lo hacemos. Aún no tengo la conciencia para manejar la muerte de quien sea (inclusive la mía), como un proceso natural de la vida. Pero es el apego hacia las expectativas no cumplidas lo que me duele (o dolerá, según el caso).

Creo que la única manera de aminorar el dolor de mis padres en caso de que yo llegase a morir antes que ellos (como adulto), es viviendo en plenitud y siendo feliz, pues considero que será la única forma en que ellos (mis papás) sentirán que han realizado adecuadamente su labor al darme la vida y formarme. ¿Y en el caso de los hijos pequeños?, valdría la pena pensar como niño nuevamente, y recordar qué quería yo de mis padres cuando era chiquillo, porque más que juguetes y cosas físicas, lo que más quería  era sencillamente ser amado (y por amor me refiero al que implica inclusive corregir) y permitirme ser auténtico.

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Muchos me preguntarán el por qué escribo sobre este tema si no tengo hijos, y tienen razón. El que no los tenga no evita que pueda sentir y comprender. En este tiempo he vivido experiencias  y conocido a personas que me han abierto el corazón ante sus vivencias. Tomo de ellas su dolor y aprendizaje y lo uno al mío. Sé que en su momento yo podría atravesar por algo así y dependerá de mí ver la manera de salir adelante.

Mientras tanto, agradezco a todos con quienes he convivido y que me han permitido aprender de ellos. Bendiciones y pronta resolución en sus situaciones, sé que pronto encontrarán el motivo del para qué están viviendo tan dolorosos momentos.

Un saludo a mis dos lectores

AMDG

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