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Posts Tagged ‘la muerte’

Muy sentida es la muerte cuando el padre queda vivo. (Séneca, Filósofo latino)

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La pérdida de un hijo

Si en ocasiones pensé que el tema de la perdida de  un hijo no tenía nada que ver conmigo, admito que me equivoqué. Dentro de mi serie de entradas “Cuando alguien se va” Inicialmente pensé dejar este escrito al último, pensando que no tendría mucha relación conmigo, pero lo reconsideré cuando tuve  la oportunidad de volver por televisión una película muy conocida dentro del cine Mexicano: “Ustedes los ricos” (ficha IMDB)  en donde hay una escena muy conmovedora sobre la muerte de “torito”, el hijo del personaje principal llamado “Pepe el toro” (Protagonizado por Pedro Infante), si bien vale la pena ver toda la película para contextualizar y comprender mejor la escena, para mí no deja de ser desgarrador ese momento por el simple hecho de ver a un padre llorar por su hijo. Como espectador soy mudo testigo de como por momentos “Pepe el toro” imagina a su hijo vivo y que juega inocentemente para después despertar a la cruda realidad de tenerlo muerto entre brazos.

Esta película, que estuve viendo en compañía de mi madre nos movió a ambos el sentimiento y no un sentimentalismo barato como el que ofrece la programación basura que hoy en día tristemente ofrecen algunas televisoras nacionales (por ello mi insistencia de ver completa la película). ¿Pero qué relación tiene esta película con el tema de la pérdida de un hijo? pues que han cambiado algunas cosas de cuando contemplé redactar esta entrada y que la película sencillamente ayudó a detonar y conjuntar las ideas para ponerlas por escrito. Recuerdo inclusive una plática alusiva a este tema, en la que un terapeuta amigo mío que me explicaba de como por medio del cine, el inconsciente usa las situaciones proyectadas para trabajar nuestros asuntos internos que aún están pendientes por resolver (por eso en ocasiones lloramos, porque se mueven esas fibras sensibles) y es por eso que aprovecho este espacio y el recuerdo de la película para platicar mis experiencias y punto de vista personal ante este tema.

La pérdida no tiene que ser física

Por entrada se pensaría que cuando se pierde a un hijo, es por medio de la muerte y no siempre es así. Existe la separación del hijo de los padres en cuanto al trato y convivencia.  Los motivos pueden ser diversos pero al menos los casos que he conocido se han dado porque los hijos no saben (¿o no sabemos?) manejar adecuadamente las situaciones que afrontan los padres y que solo a ellos competen, pero curiosamente así como los papás buscan intervenir y arreglar los problemas de los hijos y se “conflictúan” al no poder resolverlos (o que los hijos no les dan entrada para dialogar) lo mismo sucede con los hijos y su intención para con los padres, lo cual conlleva al distanciamiento y posterior resentimiento, haciendo un abismo complicado de cruzar posteriormente.  Cuando me he puesto en el lugar de los padres es muy doloroso el sentimiento que tienen al saber que su hijo no desea saber de ellos y ante los torpes intentos de acercarse a  los hijos, a veces los papás empeoran las cosas, considero que eso es como morir poco a poco, un saber que tu hijo está ahí, y a la vez saber que hay un odio o resentimiento que no le permite acercarse a ti y a la vez no te permite acercarte. También entiendo que la posición de muchos padres es como la de sus homólogos dentro de la parábola del hijo pródigo, de estar dispuestos de recibirle con los brazos abiertos cuando este decida regresar, después de haber aprendido lo que debía de aprender. Lo único que pienso ante esto con los hijos que se alejan de los padres, es que lamento lo dolorosa que será su recuperación cuando comprendan lo que está sucediendo e intenten reparar el lazo con quienes ya no están en vida.

"Madre sufriendo por su hijo muerto / Mother grieving over her Dead Child" / George Minne Yeso, 15,9 x 46,1 x 28,2 cm., 1886. Museum of Fine Arts (Gante, Bélgica)

“Madre sufriendo por su hijo muerto / Mother grieving over her Dead Child” / George Minne
Yeso, 15,9 x 46,1 x 28,2 cm., 1886. Museum of Fine Arts (Gante, Bélgica)

Cuando el hijo se va antes que el padre o la madre

En el apartado anterior, comentaba el caso del hijo pródigo que se va de casa a vivir la vida muy a su manera, dejando acongojado el corazón del padre. Afortunadamente hay una ligera esperanza dentro de éste, de que el hijo estará bien, salga adelante, sea feliz y/o que pueda volver a saber de él. Pero ¿qué sucede cuando las expectativas, sueños e ilusiones que tenía para el hijo se cortan de tajo ante la muerte de éste?, esto es parte de lo que pensé y sentí cuando vi a “Pepe el toro” imaginando ver a su hijo jugando y comiendo. Si yo como individuo tengo planes e ilusiones para mi persona, ¿cómo no las voy a tener para con mis hijos?. He estado cerca de amistades y familiares que han perdido a sus hijos, unos pequeños, otros siendo jóvenes o recién casados. Y es tan doloroso sentir el sufrimiento de esos padres que no logran comprender como sucedieron las cosas, aquella chiquilla que apenas un par de días antes de su deceso reía y jugaba mientras la vestían o alimentaban, o de aquel joven que tenía tantos sueños mientras cursaba su carrera antes de caer enfermo, o sencillamente la ilusión de ver a su hijo disfrutar su matrimonio y prepararse para tener hijos.
Y estas muertes dejan a los padres incompletos, si en la pérdida no física los padres morían de poco a poco, aquí pareciera que mueren por completo al no entender por qué se les arrebata algo que por principio de cuentas consideraban suyo (por algo era su hijo) y aunque las religiones y creencias les digan o les ayuden a reinterpretar el suceso, no deja de aparecer el sentimiento de “era mi hijo, por qué me lo arrebataron?“, “¿por qué a él y no a mí?”, sumado al sentimiento de impotencia, negación y rebeldía que se acrecienta según la forma en que se suscitó la muerte, no quiero imaginar lo doloroso que sería esto si fueran varios hijos los que murieran.

Mi percepción personal

Sinceramente creo que mi opinión importa poco en este punto, pues nada de lo que diga puede aliviar el dolor de un padre ante la pérdida de un hijo, ya sea física o no. Pero creo que soy capaz de percibir y de comprender al menos un poco del sufrimiento que viven en ese momento. Me parte tanto el corazón ver a los padres llorar por sus hijos y sé que nada de lo que diga les aliviará su dolor y lo único que puedo brindar es mi escucha y compasión. Nadie merece sufrir, mas sin embargo lo hacemos. Aún no tengo la conciencia para manejar la muerte de quien sea (inclusive la mía), como un proceso natural de la vida. Pero es el apego hacia las expectativas no cumplidas lo que me duele (o dolerá, según el caso).

Creo que la única manera de aminorar el dolor de mis padres en caso de que yo llegase a morir antes que ellos (como adulto), es viviendo en plenitud y siendo feliz, pues considero que será la única forma en que ellos (mis papás) sentirán que han realizado adecuadamente su labor al darme la vida y formarme. ¿Y en el caso de los hijos pequeños?, valdría la pena pensar como niño nuevamente, y recordar qué quería yo de mis padres cuando era chiquillo, porque más que juguetes y cosas físicas, lo que más quería  era sencillamente ser amado (y por amor me refiero al que implica inclusive corregir) y permitirme ser auténtico.

_________

Muchos me preguntarán el por qué escribo sobre este tema si no tengo hijos, y tienen razón. El que no los tenga no evita que pueda sentir y comprender. En este tiempo he vivido experiencias  y conocido a personas que me han abierto el corazón ante sus vivencias. Tomo de ellas su dolor y aprendizaje y lo uno al mío. Sé que en su momento yo podría atravesar por algo así y dependerá de mí ver la manera de salir adelante.

Mientras tanto, agradezco a todos con quienes he convivido y que me han permitido aprender de ellos. Bendiciones y pronta resolución en sus situaciones, sé que pronto encontrarán el motivo del para qué están viviendo tan dolorosos momentos.

Un saludo a mis dos lectores

AMDG

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La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente. (François Mauriac, Escritor francés)

De estrada debo aclarar que no domino los temas de la muerte, ni de la tanatología a la que wikipedia refiere como la disciplina que estudia el fenómeno de la muerte y todo lo que ello conlleva. Su  principal exponente es Elisabeth Kübler-Ross , pero el presente escrito habla sobre mi experiencia con personas cercanas que han pasado por el proceso de pérdida y sus procesos de duelo (llevados adecuadamente o no). La intención de escribir sobre esto se debe a que “misteriosamente” algunas situaciones, artículos y personas me han recordado constantemente el tema. Por lo tanto, hablaré de algunas situaciones que he experimentado de un tiempo para acá (del año 2012 al presente 2013) y posteriormente mi experiencia personal.

Así que para empezar, creo que un punto esencial aclarar que cuando hablo del concepto de pérdida, no me refiero solamente a la muerte física de un ser querido, sino al vínculo que nos une con alguien como la separación, ruptura, divorcio de una pareja y que puede afectar a los hijos (cuando uno de los padre o ambos, se alejan), en el aspecto profesional aplica cuando se pierde un empleo (un despido por ejemplo, sin importar si es injustificado o no) y otras situaciones más que no recuerdo.

Tengo aproximadamente 3 años que empecé tomando terapia de manera temporal como un complemento a mi formación de coach, al dar por terminadas mis sesiones de terapia, decidí tomar a un diplomado en donde se trabajan las técnicas del eneagrama y psicodrama. No describiré detalladamente lo que se ve ahí ni los casos, salvo que fuera necesario (sin dar nombres por supuesto). Pues bien, de un año hacia la fecha se nos ha explicado sobre la tanatología y como esta forma de terapia (lo llamaré así, aunque el término pudiera ser erróneo) ha ayudado a muchas personas a transitar con serenidad y aceptación enfermedades terminales o sobrellevar la pérdida (física o no) de un ser querido. A mi punto de vista es increíble la cantidad de personas que al no saber como trabajar su duelo, llevan arrastrando consigo a un ser querido que ha muerto días, meses o incluso toda una vida. Así que cuando se ha trabajado en el cierre de ese proceso interno de la persona (cerrar círculos como creo se le conoce en la Gestalt), la persona que sufre la pérdida puede continuar con su vida (y digo “puede” porque en la vida acontecen infinidad de situaciones más aparte de la muerte de un ser querido).

Dentro de mi experiencia en las sesiones de psicodrama me ha tocado participar representando a personas que han sufrido la pérdida de alguien o personificando a aquel que ha muerto (al principio puede sonar siniestro, pero no es así), estos trabajos de psicodrama son interesantes, muy enriquecedores y bastante poderosos, si bien a nivel personal al inicio participé con cierto recelo sin saber si lo hacía bien o mal, posteriormente me integré más efectivamente (con la guía del director de psicodrama). Con el tiempo empecé a ver como tenían resultados en las personas que lo trabajaban y como esto se relacionaba conmigo.

¿Qué quiero decir con esto? siguiendo con la línea del tema de la tanatología, considero que todos estamos de una u otra manera  relacionados con la muerte y que definitivamente moriremos. En esta vida se nos ha enseñado a vivir, pero nunca a morir. No pretendo con esto enfocarme a lo depresivo y negativo. Al contrario, en la medida que comprendamos nuestra inevitable relación con la muerte y la de quienes nos rodean, será mas sencillo comprender y aceptar su muerte (o pérdida) y por consiguiente la nuestra.

Por lo tanto, de los diferentes trabajos que he realizado, los que más se han relacionado conmigo, han sido la pérdida de un padre (o hermano), la ruptura de pareja (divorcio generalmente) y hace poco la muerte de un hijo. Todos estos como he mencionado son pérdidas (que no siempre son físicas) y que conllevan mucho dolor al no saber como trabajar un proceso de cierre o duelo que permita a la persona seguir con su vida y no arrastrar el recuerdo doloroso de aquello que hemos perdido.

Como mencioné, todos estamos conectados con la muerte o pérdida de un ser querido, y si hemos tenido la fortuna de no vivir estos procesos, muy seguramente alguna otra persona cercana a nosotros sí los ha sufrido (ya no estoy seguro que tan positivo sea el no pasar por estas situaciones), por ello que cuando se han acercado conmigo a platicarme sobre la muerte de un familiar, la perdida de trabajo o la ruptura amorosa empiezo a conectarme con su dolor y a la par, revisarme interiormente a la vez que doy apoyo a quien me lo solicita.

Debido a que esta entrada se hizo muy extensa y no he hablado aún de los diferentes tipos de duelo o pérdida en que he participado, continuaré en otras futuras entradas en donde describiré brevemente (de ser posible, ja) como he relacionado el proceso de pérdida de quienes me rodean con mis vivencias. Hasta el momento han sido 4 aspectos con los que me he identificado más, el perder un padre (madre o ambos), una  pareja, el trabajo o un hijo. Hasta el momento considero que he vivido solamente una de estas situaciones. El resto será complicado de describir en pocas palabras.

Por último quisiera compartir una pregunta que me hice mientras escribía lo anterior ¿será que el proceso de duelo de otros me conecta con mis vivencias, o  tal vez, mi proceso de duelo se conecta con las vivencias de otros?, no lo sé aún, tendré que aprender más…

Un saludo a mis dos lectores, y a todos aquellos que me honran con la lectura del presente escrito.

AMDG

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