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dia_muertos

Fue el sentido de lo humano
lo que nos llenó de valor,
acogiendo con nuestras manos
a las víctimas del temblor

Calaverita Daniel 2017

Sentado en su escritorio
escuchando de buena Fe,
Conversaba Daniel muy serio
acompañado de un buen café

Estaba frente a la muerte
quien le vino a visitar,
Para saber de buena fuente
como le iba en lo personal

Catrina, no me puedo quejar
este año ha sido especial,
pues he podido trabajar
desde lo social hasta lo existencial

He aprendido de los niños
y de los adolescentes,
También de los no tan niños
que maduraron a regañadientes

He aprendido a escuchar
y a hacerlo con empatía,
Para lograr ayudar
sobrepasando la antipatía

“¿Y cómo te va en el amor?”
preguntó la muerte curiosa,
Sé que necesitas valor
para abrir tu alma silenciosa

No te puedo mentir
mi querida amiga de marfil,
pues tu pregunta muy sutil
mueve mucho mi sentir

Su presencia me ilusiona
y a mis días da color,
y con su sonrisa dulzona
llena mi pecho de candor

La muerte sonrió serena
asintiendo con suavidad,
y le preguntó de manera risueña
cómo andaba en lo social

Interesante tu pregunta
amiga de blanca flor,
por lo que quiero darte respuesta
acerca de esta noble labor

Fue el sentido de lo humano
lo que nos llenó de valor,
acogiendo con nuestras manos
a las víctimas del temblor

Generamos un espacio de confianza
requerido para escuchar,
Y contuvimos la desesperanza
a la hora de acompañar

La muerte esperó satisfecha
a que Daniel terminara de hablar,
y pronta disparó cual flecha
su oferta singular

Requiero en mis dominios
mucha gente como tú,
ayudando en cualquier sitio
compartiendo tu energía e impetú

Te agradezco la cofianza
y que valores mis dones,
juntos hagamos una alianza
de la que hablen en todos los panteones

Así la muerte gustosa cerró
el trato que a Daniel ofreció,
sabiendo que era la mejor opción
para llevar con fervor su eterna labor

____

Es tarde ya y mis ojos se cierran de cansancio, aún vengo arrastrando la desvelada del fin de semana que anduve como brigadista en Jojutla, Morelos.

Me causa gracia que mis “calaveritas” de pronto se vuelven demasiado introspectivas, y si bien puedo hacerlas más ligeras, (como otra que hice en un par de horas en este fin de semana) sentí que debía expresar las cosas valiosas.

Este año ha sido muy particular por mi cambio de funciones dentro de la escuela, pero también agradezco enormemente la convivencia con todos aquellos que en algún momento del año obsequiaron su tiempo y espacio para platicarme de cosas que me hicieron desarrollarme poco a poco…

Aquí me detengo, muero de sueño. Agradezco todas las visitas de este mes a mi blog. Me alegraron la semana.

Mientras tato trataré de dormir, gracias vida por la experiencia y aprendizaje de este año.

AMDG

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La lección más difícil de aprender es el amor incondicional

Creo que este video resume en gran parte lo que planteo escribir a continuación. Si no lo han visto les pido lo hagan (pueden hacerlo en privado si son dados a emocionarse ante algunas situaciones). Al terminar sería bueno preguntarse, ¿qué sentí al inicio? y ¿qué sentí al final?, ¿qué pensamientos pasaron por mi cabeza y cuáles de ellos les di entrada y cuales rechacé?, creo que es importante reflexionar esto porque, independientemente de cualquiera que hayan sidos nuestros pensamientos sobre el sujeto del video, no debe ser un motivo para que, según nuestro historial de vida (y contexto social) le juzquemos si merece o no nuestra comprensión y compasión (cuando todo ser humano merece compasión). Menciono lo anterior porque la página de donde tomé el video hay posturas diversas (algunas muy duras) en contra de la situación de Jim Wolf, y de los posibles motivos que lo orillaron a su situación actual, pero dejando de lado que es un ser humano. Vamos, el punto que quisiera reflexionas es que si no hemos olvidado que estamos rodeados de seres humanos y que nosotros mismos también lo somos,  finitos y falibles.

Por mi parte es la segunda vez que veo este video y aún me conmueve, también me doy cuenta de la relación que tiene con el trabajo de una especialista en el tema de la muerte (desde el punto de vista humano), el nombre de esta persona es Elisabeth Kübler-Ross. Sin intención de describir toda su obra (que no la conozco aún), su trabajo de toda la vida fue conocer y comprender la muerte y la manera que ella nos atañe más de lo que pensamos (y que muchos preferimos ignorar), explica como precisamente el miedo a la muerte es lo que termina por debilitarnos y postrarnos ante una muerte “dolorosa” y posiblemente sin sentido (aquellos que hemos perdido un ser amado y que no tengamos una preparación emocional, muy posiblemente lo veamos así). Dentro de los miles de casos que Elisabeth Kübler investigó y entrevistó, relataba sus experiencias con enfermos y moribundos tanto de Sida (cuándo este surgió) y con prisioneros de cárceles norteamericanas. Explicaba la forma en que la sociedad les relegaba y se desentendía de ellos dejándolos a su suerte, negándoles un alimento primordial en el ser humano que es el amor (Sí, entiendo que para muchos lo esencial es el aire y el alimento, pero no podemos negar que la necesidad de amor es esencial para nosotros como seres humanos supuestamente “racionales”). Por tanto, el sufrimiento por el que pasaban estas personas era doble, desde la parte física por las dolencias de la enfermedad hasta la discriminación de la sociedad que les juzgaba por el hecho de ser portadores de una enfermedad que solo contraían los homosexuales (en sus inicios y según la creencia popular), por otra parte como mencioné, estaban los presos en cárceles de mayor seguridad que sufrían condiciones bastante precarias (aún para ser prisiones norteamericanas) y que aunado a su enfermedad, le hacían más inhumano.

Por tanto el trabajo de la Dra. Kübler fue darles voz a estas personas para que pudieran expresar el dolor que sentían ante la incapacidad de no entender como es que, aparte de una dolorosa enfermedad sufrían también del aislamiento y como ello minaba cada vez más sus fuerzas. Los moribundos, según Kübler, saben cuando se aproxima su hora y como si fueran deseos antes de morir muchos de ellos solicitaban que les aceptaran (ya fuera por su enfermedad o condición), a medida que lograban expresar su sentir estos condenados a muerte, la dra. Kubler comprendió la importancia de un elemento esencial que si bien no curaría la enfermedad física, sí repararía la saludad espiritual y era sencillamente el amor incondicional por parte de las personas cercanas a estos moribundos. Son conmovedores los testimonios que narra como aquellos que ya en su lecho de muerte pudieron experimentar el amor incondicional de sus familiares o de personas cercanas (que a pesar de la ignorancia en ese entonces) no tenían miedo a darles amor y consuelo en sus últimos días. Lo mismo en las cárceles, charlando con los prisioneros preguntaba sobre aquellos sucesos tan dolorosos que los hubieran orillado a cometer sus crímenes logrando con ello dar algo de paz interior (eso no evitaba que se les eximiera la pena, pero la hacía más llevadera). Considero que todo esto es sencillamente una forma de amor. Regalar la oportunidad de escucha para poder comprender mejor a quien sufre.

Todo esto me lleva al inicio de esta entrada, aunque pudiera pensar que el veterano Jim Wolf podrá haber sido alguien que mereció vivir lo que le llevó a su situación actual de decadencia, pero no por ello deja de ser un ser humano que vive y siente y que también es digno de ser amado. Y es aquí donde seguramente entran nuestras consideraciones impuestas por la sociedad actual “él se lo buscó“, “¿y su familia?, ellos también sufren al convivir con un alcohólico“, “seguramente después de ese cambio de imagen volverá a recaer“, pues sí, todo ello podría ser verdad, pero a final de cuentas es una persona que requiere compasión o… ¿no la querríamos nosotros si estuviéramos en una situación así?, ahí sí que querríamos experimentar que nos amaran. Pues bien, nadie da lo que no tiene, parte de nuestro proceso de vida es precisamente aprender todo aquello que nos haga crecer espiritualmente, de tal forma que al llegar a nuestro lecho de muerte, nos vayamos confiados por el haber obrado en servicio. ¿Difícil? ¡Claro que lo es!, Kübler se llevó toda una vida (¡y vaya que fue intensa!), pero es importante saber que precisamente tendremos toda nuestra vida para cumplir con ello de acuerdo a nuestras capacidades.

Confío que realmente hagamos algo con ella, que nos permita tener una muerte digna, serena y feliz.

Busquemos amar incondicionalmente, es la llave para pasar a la siguiente vida…

AMDG

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“No me me hables tan en serio, que no sé por donde empezar, la muerte a todos llega, es algo a lo que nos deberíamos de acostumbrar “

calaveritas de azúcar

(La presente calaverita fue realizada en una noche de inquietud e insomnio)

Estaba Daniel perdido, en un mar de confusiones.
Había perdido el foco, y con ello sus ilusiones.

Sabía más que de sobra, que este momento llegaría.
Y que a pesar de la zozobra, muy pronto la atravesaría.

Pero por más que lo pensara, su cabeza mil vueltas daba.
No encontraba que calmara, aquello que le atormentaba.

“Es cosa de cambiar de aires”, meditó muy preocupado.
“Proponiendo mis talleres, me sentiré más emocionado”.

Y de un día para otro, a mucha gente pudo invitar.
Comenzando como un potro, con muchos pudo trabajar.

Mezclando la docencia, con el desarrollo personal.
Logró con pertinencia, un éxito fenomenal.

Pero Daniel nunca se imaginaría , que en uno de sus talleres.
La muerte se le aparecería, con sus acostumbrados deberes.

Mientras Daniel le solicitaba que llenara la ficha de inscripción.
Amablemente le daba la siguiente explicación:

“¡Hola Querida muerte! , ¿en que te puedo ayudar?.”
“Es un gusto para mí tenerte y que podamos trabajar.”

La muerte le dijo con recelo, mientras se sentaba en su lugar
“Te veo bastante sereno, como si no supieras lo que te va a pasar.”

Hizo la muerte una pausa para poder continuar.
Pero Daniel, con una mueca, se dispuso a contestar.

“La vida nos da sorpresas mi catrina, eso no te lo voy a negar
Pero de la muerte llana y peregrina, sé que no voy a escapar. “

Habiendo dicho eso, Daniel a la muerte se le trepó.
Y esta con esfuerzo, a su lecho de muerte lo llevó.

____
Fue una calaverita un tanto apagada, pues cada año cambia pues refleja algo de mis vivencias. Si alguno de mis dos lectores creyera que me pienso suicidar o algo así, le pido no se preocupe, pues aún hay Daniel para muuuucho rato.

Un saludo a mis dos lectores
AMDG

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