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Posts Tagged ‘Padres’

“La adolescencia es la conjugación de la infancia y adultez” (Louise J. Kaplan) 

En este 2ndo semestre en mi diplomado de desarrollo humano, me tocó convivir con muchas mamás (la gran mayoría), y un tema recurrente era cómo tratar la adolescencia de sus hijos. Dado que en mi trabajo me toca convivir también con niños,  adolescentes y jóvenes, les compartía que era preciso recordar como fuimos nosotros durante esa etapa (que por lo visto nos olvidamos rápidamente) para así ser más comprensivos (que no es lo mismo que permisivos) con ellos y sus actitudes. 

En mi caso muy particular, aunque me considero una persona tranquila/pasiva,  admito que en mi adolescencia tuve mis arranques/berrinches que la pobre de mi madre tuvo que “soportar” y si bien me dió mis buenas regañadas y chanclazos, recuerdo con cierta consternación que en otros momentos la hice  desesperar mucho e inclusive llorar. Quiero aclarar que lo anterior no lo hacía con la mala intención de despertar por la mañana y decir para mis adentros: “el día de hoy haré sufrir a mi madre”, nada de esopero creo que en esa etapa de transición yo quería experimentar muchas cosas y entre la ignorancia de como llevarlas a cabo, frustración de no realizarlas,  el acoso/bullying escolar,  formación de autoestima y cambios físiológicos internos, hacían de mi persona una bomba de tiempo que le reventó en más de una ocasión a mi madre (y a mi padre, tíos y maestros). 

Y eso,  sucede para todos en mayor o menor grado, quisiera pensar que el olvido de esa etapa es porque a partir de  la adolescencia la vida acontece en un torrente de sucesos en los cuales papá o mamá ya no están cuidándonos ni protegiéndonos todo el tiempo y así,  sin darnos cuenta empezamos a ser parte del mundo adulto (a veces con la fortuna de tener cierta consciencia de ello) con sus respectivas y múltiples responsabilidades.  

Otro aspecto a considerar es la formación de nuestros padres, al no ser educados para ser padres (nadie lo está, ni lo estará) actúan con la mejor intención pero con la peor ejecución, porque sencillamente el tiempo y contexto tanto de ellos como de los hijos es muy diferente, por lo que hay un choque de percepciones de las cuales el hijo no sale bien librado,  ya sea porque hay situaciones que para algunos adolescentes pudieran ser intrascendentes como para otros serán más que mayúsculas. Esto no quiere decir que los papás deban cuidar todo lo que digan y hagan, es cuestión de hacerse responsable de lo que les corresponde a ellos y soltar. Si yo como adulto en algún momento  quedé afectado por vivencias de mi adolescencia, no puedo achacarle culpas a mis padres porque ellos hicieron lo mejor que pudieron en mi formación (y serán responsables de su propia participación) sin embargo yo, si me sintiera como persona afectada, tendré que hacer lo que me corresponda para solucionar mi conflicto. 

Tal vez no sea fácil, pues depende del contexto cultural en el que me encuentre inmerso la manera en que solucionaré mis problemas (pero eso será un tema para más adelante). Pero esto debería darme una idea de la manera en que actuaré cuando experimente el convivir con adolescentes ya sea en familia o en el terreno profesional. 

El poder remitirme al pasado, recordar mi experiencia personal y poner en práctica la empatía, me permitirá ponerme en los zapatos del otro (en este caso el adolescente), conocer parte de sus inquietudes y por lo tanto comprender un poco más qué es lo que le aqueja. De tal manera que si bien NO solucionaré sus problemas, podré apoyarle a que encuentre la forma de resolver los suyos o por lo menos no estorbar en ellos. 

Por ello, además de preguntarle a los adultos que lidian con adolescentes, cómo eran en esa etapa, también les pregunto “¿Cómo te hubiera gustado que te trataran?”, eso por lo menos permite tener una base de donde partir o aproximarse y de antemano entender que también podemos recibir una negativa u respuesta hosca, pero al menos, al ser conscientes de nuestras vivencias previas, podremos actuar en consecuencia de una manera más efectiva y por consiguiente, establecer una mejor relación. 

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Este tema para mí es recurrente, pues como convivo con adolescentes, constantemente requiero ir y venir a mis recuerdos: ¿Cómo me trataron?, ¿cómo me hubiera gustado que me trataran? Y ¿cómo era yo de inquieto?, con esto busco ponerme en el lugar de ellos y de mis mayores. No siempre es fácil,  pero ayuda y me permite aprender y seguir desarrollándome como persona. 

Como nota final, curiosamente, el día de hoy me pidieron información sobre el tema de la adolescencia y la sexualidad (este último es un tema muy amplio e interesante). 

Un saludo a mis dos lectores. 

AMDG

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Qué injusta, qué maldita, qué cabrona la muerte que no nos mata a nosotros sino a los que amamos” (Carlos Fuentes, Periodista y escritor mexicano)

Continuo con mi reflexión personal acerca del proceso de duelo.

En la entrada anterior describí a manera general mi acercamiento personal ante este tema y señalé que relataría la forma en que lo he trabajado en diferentes situaciones (Padres, pareja, trabajo, hijos, etc). Posiblemente un especialista en tanatología encontraría errores en cuanto a mis descripciones, por lo que debo de recordar que lo que aquí comparto es mi interpretación dentro de mi experiencia, empezando por…

Perder a un Padre

Afortunadamente mis padres aún viven y convivo con ellos, pero ha sido por medio del trabajo con las técnicas de psicodrama y constelaciones, donde he tenido una experiencia aproximada al dolor de perder a un padre y es precisamente de mi padre de quién hablaré, pues mi abuelo paterno falleció cuando mi papá era un chiquillo (12 años) y la manera en que le dieron la noticia a mí siempre me ha conmovido, pues creo que un niño a esa edad nunca piensa en que su papá morirá. Al menos yo recuerdo que en mi caso, a esa edad casi no cruzaba por mi mente la muerte de mi padre y si lo hacía, me producía mucho sentimiento. Pues bien, a mi papá le sucedió.

Durante mi niñez mi papá casi no hablaba hablaba de mi abuelo (y no porque hubiera un rencor o sentimiento parecido) y cuando nos contaba alguna anécdota sobre él no percibía gran emoción  de su parte, salvo una ocasión, siendo yo un adolescente y camino al colegio, en la radio transmitieron la canción EL RELOJ CU-CU del grupo musical Maná, para quien no la conozca en ella un niño relataba la ¿muerte? y ausencia de su papá y como su mamá  se hizo cargo de la familia y como lo vivieron los hermanos, casi exactamente lo mismo que a él le había sucedido y cuando me lo dijo, noté un sentimiento de tristeza en él. Cabe decir que cuando escuché a detalle esa canción, lloré… y hasta la fecha no la escucho (ni leo)  porque me causa mucha tristeza (o sencillamente me hace llorar un poco). Esto provocó en mí decidir tomar el dolor que creí que mi papá debió haber sentido y sufrirlo por él.

No me había dado cuenta hasta qué punto me había apropiado de ese dolor y su tamaño, que durante una sesión de psicodrama, al percibir y experimentar el sufrimiento de un hombre que era castigado fuertemente por su padre cuando era un niño, hizo que me conectara con aquel dolor que ya llevaba guardando conmigo. Aquella situación  me tocó profundamente, pues no podía comprender que un padre maltratara así a su hijo pequeño, cuando a esa edad un niño lo único que espera de su papá era amor y protección. Mientras me cuestionaba esto me conecté con la vivencia de mi papá. Mi padre nunca fue golpeado ni maltratado por mi abuelo, ¡al contrario! recibió cariño y amor pero hasta corta edad. Ya no hubo amor, ni palabras, ni afecto, ni abrazos pues ya no estaría con él. Esto me provocó tanta tristeza y empecé a sacar todo el dolor que pude expresar en nombre de mi padre. Le acompañé en su dolor en todo lo que debió haber sufrido siendo un niño al no tener a su padre cerca que lo amara, protegiera, guiara, y motivara como él lo ha hecho conmigo. Fue en ese momento donde pude conectarme y comprender el dolor de la pérdida de un ser querido, creo que sentí  lo que posiblemente debió sentir mi papá en su momento,  pero ¡carajo! creo que frente al féretro de su padre muerto un niño no piensa, solo siente y como tal, me deje llevar por el sentimiento y lloré como nunca acompañando a mi padre en su dolor. Al terminar, realmente me sentí ligero y renovado.

Después de realizar este proceso, creo que comprendí más aún a mi papá, porque gracias a ello, en una posterior plática que tuve con él, se dio un espacio para hablar del tema (y curiosamente fue mi papá quien inició con ello) y cuando le expliqué que a mí me dolía lo que él había sufrido, me respondió que ello ya había quedado atrás, y a quien aún recordaba mucho era a mi abuelita (ella se encargó de criarlo a él y a sus hermanos) y mi papá, con mucho sentimiento me describió una bella imagen que tenía sobre ella en un sueño recurrente. Esa plática me conmovió también y me ayudó más aún, en parte por liberarme de un sufrimiento que no me correspondía y que erróneamente estaba cargando sin que nadie me lo pidiera. Conocí y comprendí más a mi papá en como vivió su etapa duelo en la muerte de mis abuelos y como esto le ha  moldeado y formado en su vida, y claro está, su influencia en  la relación conmigo y mis hermanos.

Aceptar la muerte del padre

En mi caso, puedo decir que llevo una buena relación con mis padres (en este caso, con mi papá), con sus altibajos pero que existe y que estoy trabajando en ella pues al menos hay comunicación por ambas vías. Considero que existen problemas cuando la relación padre -hijo es conflictiva y queda truncada por la presencia de la muerte, la cual agrava la situación y si el hijo no pudo expresar todo lo que quería decir a su padre (o madre), cuando eso sucede se crea el resentimiento por la impotencia de no haber dicho las cosas en su tiempo y en persona. Este resentimiento crece cada vez mas precisamente por la frustración de no dejar salir aquello que quedó inconcluso y en vez de tener una imagen serena sobre el padre, se crea una memoria llena de rencor  que mancha a la anterior y nos quitan la paz.  Por lo tanto, creo que por medio de un proceso adecuado de terapia para re interpretar y  restaurar una nueva imagen del padre (o madre, o ambos) que sea amorosa y posteriormente continuar con el duelo para llegar a la aceptación de la muerte de nuestro ser querido y por consiguiente obtener la paz interior.

Hasta este punto quiero llegar en mi reflexión personal, como algunos podrán haber notado es meramente mi experiencia personal sobre mi conexión con el tema, muy posiblemente otros tengan experiencias directas y mas claras. Lo importante es seguir adelante y aprender de esto.

Mi siguiente entrada será sobre la pérdida de trabajo (esta creo que sí será breve)

Un saludo a mis dos lectores y a todos aquellos que me regalan un momento de su vida para leerme =)

AMDG

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Un momento para el corazón en dónde con lágrimas en los ojos pude decirle nuevamente a mi papá que lo amo. Creo que ha sido un regalo mutuo en este 2012

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