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La lección más difícil de aprender es el amor incondicional

Creo que este video resume en gran parte lo que planteo escribir a continuación. Si no lo han visto les pido lo hagan (pueden hacerlo en privado si son dados a emocionarse ante algunas situaciones). Al terminar sería bueno preguntarse, ¿qué sentí al inicio? y ¿qué sentí al final?, ¿qué pensamientos pasaron por mi cabeza y cuáles de ellos les di entrada y cuales rechacé?, creo que es importante reflexionar esto porque, independientemente de cualquiera que hayan sidos nuestros pensamientos sobre el sujeto del video, no debe ser un motivo para que, según nuestro historial de vida (y contexto social) le juzquemos si merece o no nuestra comprensión y compasión (cuando todo ser humano merece compasión). Menciono lo anterior porque la página de donde tomé el video hay posturas diversas (algunas muy duras) en contra de la situación de Jim Wolf, y de los posibles motivos que lo orillaron a su situación actual, pero dejando de lado que es un ser humano. Vamos, el punto que quisiera reflexionas es que si no hemos olvidado que estamos rodeados de seres humanos y que nosotros mismos también lo somos,  finitos y falibles.

Por mi parte es la segunda vez que veo este video y aún me conmueve, también me doy cuenta de la relación que tiene con el trabajo de una especialista en el tema de la muerte (desde el punto de vista humano), el nombre de esta persona es Elisabeth Kübler-Ross. Sin intención de describir toda su obra (que no la conozco aún), su trabajo de toda la vida fue conocer y comprender la muerte y la manera que ella nos atañe más de lo que pensamos (y que muchos preferimos ignorar), explica como precisamente el miedo a la muerte es lo que termina por debilitarnos y postrarnos ante una muerte “dolorosa” y posiblemente sin sentido (aquellos que hemos perdido un ser amado y que no tengamos una preparación emocional, muy posiblemente lo veamos así). Dentro de los miles de casos que Elisabeth Kübler investigó y entrevistó, relataba sus experiencias con enfermos y moribundos tanto de Sida (cuándo este surgió) y con prisioneros de cárceles norteamericanas. Explicaba la forma en que la sociedad les relegaba y se desentendía de ellos dejándolos a su suerte, negándoles un alimento primordial en el ser humano que es el amor (Sí, entiendo que para muchos lo esencial es el aire y el alimento, pero no podemos negar que la necesidad de amor es esencial para nosotros como seres humanos supuestamente “racionales”). Por tanto, el sufrimiento por el que pasaban estas personas era doble, desde la parte física por las dolencias de la enfermedad hasta la discriminación de la sociedad que les juzgaba por el hecho de ser portadores de una enfermedad que solo contraían los homosexuales (en sus inicios y según la creencia popular), por otra parte como mencioné, estaban los presos en cárceles de mayor seguridad que sufrían condiciones bastante precarias (aún para ser prisiones norteamericanas) y que aunado a su enfermedad, le hacían más inhumano.

Por tanto el trabajo de la Dra. Kübler fue darles voz a estas personas para que pudieran expresar el dolor que sentían ante la incapacidad de no entender como es que, aparte de una dolorosa enfermedad sufrían también del aislamiento y como ello minaba cada vez más sus fuerzas. Los moribundos, según Kübler, saben cuando se aproxima su hora y como si fueran deseos antes de morir muchos de ellos solicitaban que les aceptaran (ya fuera por su enfermedad o condición), a medida que lograban expresar su sentir estos condenados a muerte, la dra. Kubler comprendió la importancia de un elemento esencial que si bien no curaría la enfermedad física, sí repararía la saludad espiritual y era sencillamente el amor incondicional por parte de las personas cercanas a estos moribundos. Son conmovedores los testimonios que narra como aquellos que ya en su lecho de muerte pudieron experimentar el amor incondicional de sus familiares o de personas cercanas (que a pesar de la ignorancia en ese entonces) no tenían miedo a darles amor y consuelo en sus últimos días. Lo mismo en las cárceles, charlando con los prisioneros preguntaba sobre aquellos sucesos tan dolorosos que los hubieran orillado a cometer sus crímenes logrando con ello dar algo de paz interior (eso no evitaba que se les eximiera la pena, pero la hacía más llevadera). Considero que todo esto es sencillamente una forma de amor. Regalar la oportunidad de escucha para poder comprender mejor a quien sufre.

Todo esto me lleva al inicio de esta entrada, aunque pudiera pensar que el veterano Jim Wolf podrá haber sido alguien que mereció vivir lo que le llevó a su situación actual de decadencia, pero no por ello deja de ser un ser humano que vive y siente y que también es digno de ser amado. Y es aquí donde seguramente entran nuestras consideraciones impuestas por la sociedad actual “él se lo buscó“, “¿y su familia?, ellos también sufren al convivir con un alcohólico“, “seguramente después de ese cambio de imagen volverá a recaer“, pues sí, todo ello podría ser verdad, pero a final de cuentas es una persona que requiere compasión o… ¿no la querríamos nosotros si estuviéramos en una situación así?, ahí sí que querríamos experimentar que nos amaran. Pues bien, nadie da lo que no tiene, parte de nuestro proceso de vida es precisamente aprender todo aquello que nos haga crecer espiritualmente, de tal forma que al llegar a nuestro lecho de muerte, nos vayamos confiados por el haber obrado en servicio. ¿Difícil? ¡Claro que lo es!, Kübler se llevó toda una vida (¡y vaya que fue intensa!), pero es importante saber que precisamente tendremos toda nuestra vida para cumplir con ello de acuerdo a nuestras capacidades.

Confío que realmente hagamos algo con ella, que nos permita tener una muerte digna, serena y feliz.

Busquemos amar incondicionalmente, es la llave para pasar a la siguiente vida…

AMDG

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El consumismo tecnológico-digital nos absorbe y si no tenemos cuidado, nos arrastrará sin darnos cuenta. Este es un contrato que una madre dio a su hijo junto a un anhelado Iphone. Vale la pena leer con cuidado.

 

  1. Es mi teléfono. Yo pagué por él. Yo te lo presto a ti. ¿No soy la mejor?
  2. Yo siempre conoceré la contraseña.
  3. Si suena, contesta. Es un teléfono. Di “hola”, haz gala de tus modales. Jamás ignores una llamada si en la pantalla se lee “Mamá” o “Papá”. Jamás.
  4. Le darás el teléfono a uno de tus progenitores de inmediato a las 19h30 cada día de colegio y a las 21h el fin de semana. Estará apagado toda la noche y se volverá a encender a las 7h30. Si no harías una llamada al teléfono fijo de alguien, donde sus padres pueden contestar, tampoco llames o envíes mensajes con el móvil. Escuchas esos instintos y respeta a las otras familias como nos gusta que nos respeten a nosotros.
  5. No irás al colegio con él. Conversa en persona con la gente a la que envías mensajes. *Los días de media jornada, las excursiones y las actividades extraescolares requerirán consideraciones especiales.
  6. Si se cae en el baño, se golpea contra el suelo o se esfuma en el aire, eres el responsable de los costes de sustitución o reparación. Corta el césped, haz de canguro, ahorra dinero de tu cumpleaños. Si ocurre, tendrás que estar preparado.
  7. No uses la tecnología para mentir, hacer tonterías o engañar a otro ser humano. No te involucres en conversaciones que sean dañinas para los demás. Sé un buen amigo.
  8. No envíes mensajes, correos electrónicos o digas nada a través de este medio que no dirías en persona.
  9. No envíes mensajes, correos electrónicos o digas a alguien algo que no le dirías en voz alta y en presencia de sus padres. Autocensúrate.
  10. Nada de porno. Busca en la web información que compartirías abiertamente conmigo. Si tienes alguna duda sobre algo, pregunta a una persona. Preferiblemente, a tu padre o a mí.
  11. Apágalo, siléncialo, déjalo a un lado en público. Especialmente en restaurantes, en el cine o mientras hablas con otro ser humano. No eres una persona maleducada, no dejes que el iPhone cambie eso.
  12. No envíes ni recibas imágenes de tus partes íntimas o de las partes íntimas de cualquier otra persona. No te rías. Algún día estarás tentado de hacerlo, a pesar de tu gran inteligencia. Es arriesgado y puede arruinar tu vida adolescente/joven/adulta. Es siempre una mala idea. El ciberespacio es vasto y más poderoso que tú. Y es difícil hacer que algo de esa magnitud desaparezca, incluyendo una mala reputación.
  13. No hagas tropecientas fotos o vídeos. No hay necesidad de documentarlo todo. Vive tus experiencias. Quedarán registradas en tu memoria toda la eternidad.
  14. Deja tu móvil en casa a veces y siéntete protegido y seguro de esa decisión. No está vivo ni es ninguna extensión de tu cuerpo. Aprende a vivir sin él. Sé mejor y más poderoso que FOMO [en inglés, siglas de “fear of missing out”, el miedo a perderse algo que está ocurriendo, a no estar siempre conectado].
  15. Bájate música que sea nueva o clásica o diferente de la que millones de tus semejantes escuchan, que es siempre lo mismo. Tu generación tiene un acceso a la música mayor que cualquier otra en la historia. Aprovéchate de ese regalo. Expande tus horizontes.
  16. Practica juegos de palabras, puzzles o rompecabezas de vez en cuando.
  17. Mantén tus ojos arriba. Observa el mundo que sucede a tu alrededor. Mira por la ventana. Escucha a los pájaros. Date un paseo. Habla con un desconocido. Pregúntate sin buscar en google.
  18. Te harás un lío. Te quitaré el teléfono. Nos sentaremos y hablaremos sobre ello. Volveremos a empezar. Tú y yo siempre estamos aprendiendo. Estoy en tu equipo. Estamos juntos en esto.

Una observación que hace la mamá es que este reglamento no aplica solamente al teléfono, sino también a otros aspectos de la vida.

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Artículo tomado del sitio: http://www.theclinic.cl/2013/09/28/toma-nota-las-18-reglas-que-dicto-una-madre-al-regalarle-un-iphone-a-su-hijo/

 

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Muy sentida es la muerte cuando el padre queda vivo. (Séneca, Filósofo latino)

http://www.webcurioso.com/wp-content/uploads/2012/09/despedida-de-un-padre-y-su-hijo.jpg

La pérdida de un hijo

Si en ocasiones pensé que el tema de la perdida de  un hijo no tenía nada que ver conmigo, admito que me equivoqué. Dentro de mi serie de entradas “Cuando alguien se va” Inicialmente pensé dejar este escrito al último, pensando que no tendría mucha relación conmigo, pero lo reconsideré cuando tuve  la oportunidad de volver por televisión una película muy conocida dentro del cine Mexicano: “Ustedes los ricos” (ficha IMDB)  en donde hay una escena muy conmovedora sobre la muerte de “torito”, el hijo del personaje principal llamado “Pepe el toro” (Protagonizado por Pedro Infante), si bien vale la pena ver toda la película para contextualizar y comprender mejor la escena, para mí no deja de ser desgarrador ese momento por el simple hecho de ver a un padre llorar por su hijo. Como espectador soy mudo testigo de como por momentos “Pepe el toro” imagina a su hijo vivo y que juega inocentemente para después despertar a la cruda realidad de tenerlo muerto entre brazos.

Esta película, que estuve viendo en compañía de mi madre nos movió a ambos el sentimiento y no un sentimentalismo barato como el que ofrece la programación basura que hoy en día tristemente ofrecen algunas televisoras nacionales (por ello mi insistencia de ver completa la película). ¿Pero qué relación tiene esta película con el tema de la pérdida de un hijo? pues que han cambiado algunas cosas de cuando contemplé redactar esta entrada y que la película sencillamente ayudó a detonar y conjuntar las ideas para ponerlas por escrito. Recuerdo inclusive una plática alusiva a este tema, en la que un terapeuta amigo mío que me explicaba de como por medio del cine, el inconsciente usa las situaciones proyectadas para trabajar nuestros asuntos internos que aún están pendientes por resolver (por eso en ocasiones lloramos, porque se mueven esas fibras sensibles) y es por eso que aprovecho este espacio y el recuerdo de la película para platicar mis experiencias y punto de vista personal ante este tema.

La pérdida no tiene que ser física

Por entrada se pensaría que cuando se pierde a un hijo, es por medio de la muerte y no siempre es así. Existe la separación del hijo de los padres en cuanto al trato y convivencia.  Los motivos pueden ser diversos pero al menos los casos que he conocido se han dado porque los hijos no saben (¿o no sabemos?) manejar adecuadamente las situaciones que afrontan los padres y que solo a ellos competen, pero curiosamente así como los papás buscan intervenir y arreglar los problemas de los hijos y se “conflictúan” al no poder resolverlos (o que los hijos no les dan entrada para dialogar) lo mismo sucede con los hijos y su intención para con los padres, lo cual conlleva al distanciamiento y posterior resentimiento, haciendo un abismo complicado de cruzar posteriormente.  Cuando me he puesto en el lugar de los padres es muy doloroso el sentimiento que tienen al saber que su hijo no desea saber de ellos y ante los torpes intentos de acercarse a  los hijos, a veces los papás empeoran las cosas, considero que eso es como morir poco a poco, un saber que tu hijo está ahí, y a la vez saber que hay un odio o resentimiento que no le permite acercarse a ti y a la vez no te permite acercarte. También entiendo que la posición de muchos padres es como la de sus homólogos dentro de la parábola del hijo pródigo, de estar dispuestos de recibirle con los brazos abiertos cuando este decida regresar, después de haber aprendido lo que debía de aprender. Lo único que pienso ante esto con los hijos que se alejan de los padres, es que lamento lo dolorosa que será su recuperación cuando comprendan lo que está sucediendo e intenten reparar el lazo con quienes ya no están en vida.

"Madre sufriendo por su hijo muerto / Mother grieving over her Dead Child" / George Minne Yeso, 15,9 x 46,1 x 28,2 cm., 1886. Museum of Fine Arts (Gante, Bélgica)

“Madre sufriendo por su hijo muerto / Mother grieving over her Dead Child” / George Minne
Yeso, 15,9 x 46,1 x 28,2 cm., 1886. Museum of Fine Arts (Gante, Bélgica)

Cuando el hijo se va antes que el padre o la madre

En el apartado anterior, comentaba el caso del hijo pródigo que se va de casa a vivir la vida muy a su manera, dejando acongojado el corazón del padre. Afortunadamente hay una ligera esperanza dentro de éste, de que el hijo estará bien, salga adelante, sea feliz y/o que pueda volver a saber de él. Pero ¿qué sucede cuando las expectativas, sueños e ilusiones que tenía para el hijo se cortan de tajo ante la muerte de éste?, esto es parte de lo que pensé y sentí cuando vi a “Pepe el toro” imaginando ver a su hijo jugando y comiendo. Si yo como individuo tengo planes e ilusiones para mi persona, ¿cómo no las voy a tener para con mis hijos?. He estado cerca de amistades y familiares que han perdido a sus hijos, unos pequeños, otros siendo jóvenes o recién casados. Y es tan doloroso sentir el sufrimiento de esos padres que no logran comprender como sucedieron las cosas, aquella chiquilla que apenas un par de días antes de su deceso reía y jugaba mientras la vestían o alimentaban, o de aquel joven que tenía tantos sueños mientras cursaba su carrera antes de caer enfermo, o sencillamente la ilusión de ver a su hijo disfrutar su matrimonio y prepararse para tener hijos.
Y estas muertes dejan a los padres incompletos, si en la pérdida no física los padres morían de poco a poco, aquí pareciera que mueren por completo al no entender por qué se les arrebata algo que por principio de cuentas consideraban suyo (por algo era su hijo) y aunque las religiones y creencias les digan o les ayuden a reinterpretar el suceso, no deja de aparecer el sentimiento de “era mi hijo, por qué me lo arrebataron?“, “¿por qué a él y no a mí?”, sumado al sentimiento de impotencia, negación y rebeldía que se acrecienta según la forma en que se suscitó la muerte, no quiero imaginar lo doloroso que sería esto si fueran varios hijos los que murieran.

Mi percepción personal

Sinceramente creo que mi opinión importa poco en este punto, pues nada de lo que diga puede aliviar el dolor de un padre ante la pérdida de un hijo, ya sea física o no. Pero creo que soy capaz de percibir y de comprender al menos un poco del sufrimiento que viven en ese momento. Me parte tanto el corazón ver a los padres llorar por sus hijos y sé que nada de lo que diga les aliviará su dolor y lo único que puedo brindar es mi escucha y compasión. Nadie merece sufrir, mas sin embargo lo hacemos. Aún no tengo la conciencia para manejar la muerte de quien sea (inclusive la mía), como un proceso natural de la vida. Pero es el apego hacia las expectativas no cumplidas lo que me duele (o dolerá, según el caso).

Creo que la única manera de aminorar el dolor de mis padres en caso de que yo llegase a morir antes que ellos (como adulto), es viviendo en plenitud y siendo feliz, pues considero que será la única forma en que ellos (mis papás) sentirán que han realizado adecuadamente su labor al darme la vida y formarme. ¿Y en el caso de los hijos pequeños?, valdría la pena pensar como niño nuevamente, y recordar qué quería yo de mis padres cuando era chiquillo, porque más que juguetes y cosas físicas, lo que más quería  era sencillamente ser amado (y por amor me refiero al que implica inclusive corregir) y permitirme ser auténtico.

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Muchos me preguntarán el por qué escribo sobre este tema si no tengo hijos, y tienen razón. El que no los tenga no evita que pueda sentir y comprender. En este tiempo he vivido experiencias  y conocido a personas que me han abierto el corazón ante sus vivencias. Tomo de ellas su dolor y aprendizaje y lo uno al mío. Sé que en su momento yo podría atravesar por algo así y dependerá de mí ver la manera de salir adelante.

Mientras tanto, agradezco a todos con quienes he convivido y que me han permitido aprender de ellos. Bendiciones y pronta resolución en sus situaciones, sé que pronto encontrarán el motivo del para qué están viviendo tan dolorosos momentos.

Un saludo a mis dos lectores

AMDG

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Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte.  (Leonardo Da Vinci , Pintor, escultor e inventor italiano)

desempleo

Perder un trabajo

Parecería que el trabajo no tiene mucha importancia en la vida de las personas, y que no debería equipararse con la pérdida de un ser querido,  a mi punto de vista es un tema también complicado pues lo profesional trastoca lo personal suponiendo que trabajamos en lo que nos agrada o nos conviene y que estamos a gusto construyéndonos ilusiones o expectativas  (o al menos lo soportamos, según el caso). En este aspecto no puedo decir mucho, pues es una etapa por la cual he estado atravesando de manera irregular desde hace tiempo, pero considero que a manera personal en ella también se viven las etapas del duelo que menciona Elisabeth Kübler-Ross y que sin ser experto en el tema pudiera compartir mi sentir con ellas.

  1. Negación y aislamiento: puede ser que digas que sí tienes trabajo, porque estás a la espera de que te vuelvan a buscar para decirte que fue un error y que regreses a incorporarte, o que en otra parte de la organización te darán cabida, cuando eso no pasa, entonces empiezas a evadirte de las personas para que no te busquen ni te pregunten sobre tu situación y recordarte que no tienes trabajo.
  2. Ira: pensar situaciones llenas de resentimiento tales como  “los demás son los culpables”, “había otros haraganes en el trabajo”, “¿por qué me tocó a mí, si yo buscaba hacer las cosas bien?” o que había un “complot” hacia mi persona, o sencillamente que el superior tenía miedo y me desbancó para que no le quitara la chamba ¿quién no ha pensado eso?
  3. Pacto: dejar de culpar a otros y tratar de reconciliarme con quienes conflictué
  4. Depresión: Sentimiento de desánimo, de no buscar, de quedarse estancado pensando que los demás son mejores, que soy un fracaso y que no tengo nada que ofrecer
  5. Aceptación: comprender poco a poco la situación y salir adelante, encontrar otras cosas que motiven, entendiendo los altibajos que la vida presenta, y que hay que seguir adelante por el hecho de que es más sano seguir que quedarse estancado.

Sin intención de profundizar más en cada etapa, he conocido pocas personas que al quedarse sin trabajo, se quedan en el sentimiento de ira (pues lo toman como injusticia) y aunque posiblemente encuentren otro trabajo se quedan instalados en el resentimiento hacia el antiguo lugar de trabajo o persona que creen causó la perdida (justificada o injustificadamente). Desde mi experiencia admito que he atravesado por las primeras 4 (aunque la fase de ira en ocasiones va y viene, ja) y considero que empiezo a transitar la fase de la aceptación. Sobre todo porque hace algunas semanas me di cuenta de como la relación con mi padre que de una u otra forma me ha marcado en mi desempeño laboral al relacionarme con mis superiores, aunque creo que esto lo tendría que describir más a detalle en otro post.

Y aunque afortunadamente he encontrado trabajo, de acuerdo a mi aprendizaje interno,  sé que aún tengo algo que trabajar con respecto a ello por mi incapacidad de soltarme de algunas ataduras que me mantienen aún dónde estoy en estos momentos. comprendo también que en cierta forma la manera en que yo perdí mi empleo fue de una manera “anunciada” (en ambos casos de una manera por demás estúpida creo yo) lo que suavizó un poco la situación, aunque no siempre es así, pues sé de casos en los cuales las personas llegan a laborar normalmente su jornada, y poco antes de retirarse les indican que están despedidos y pasen a recoger sus pertenencias. Otra situación parecida y lamentable es la de las jubilaciones con personas mayores que se retiran de trabajar porque no tienen opción o los “jubilan” obligatoriamente, con lo cual después de un ritmo de vida ya establecido que les provee de cierta seguridad, pasan de un día para otro a una nueva etapa (a la que posiblemente no estaban preparados) provocándoles una serie de conflictos e incertidumbres, aunque no todas las jubilaciones son traumáticas, depende de la forma en que hayan sido planeadas se dará el proceso hasta llegar a la aceptación.

Si bien sabemos que vamos a morir, no siempre pensamos en ello, y lo mismo sucede con el trabajo. Si a ello sumamos que al menos dentro de la sociedad mexicana de clase media se tiene un arraigo ideológico de que los trabajos son para siempre hasta jubilarse, no se tiene contemplado quedarse sin trabajo hasta que nos sucede. Pero así como de la muerte de un familiar se avanza y se sale con cierta fortaleza, lo mismo sucede con el trabajo. Se crece en fortaleza y consciente que el siguiente trabajo no será eterno (como la vida), pero habemos quienes aún no lo entendemos con facilidad…

Un saludos para mis dos lectores…

AMDG

PD: Debo señalar que esta entrada fue un poco complicada de redactar, porque precisamente le tengo una cierta resistencia al tema, obviamente eso habla más de mí que de la situación de trabajo actual, y no se diga de una de mis siguientes entradas relacionadas a las parejas…

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“Pase lo que pase, suceda lo que suceda, Yo me amo a mí mismo y me acepto exactamente como soy”

Con frecuencia me sucede que le doy más importancia a lo que los demás creen que debo de hacer con mi vida, pero no se dan cuenta que erróneamente (inconscientemente) toman mi lugar y quieren actuar como si ellos vivieran mi propia vida. Lamentablemente eso causa distintas frustraciones.

Primeramente, la propia porque se percibe un intento de control sobre mi vida y/o porque me hacen ver como un inútil minimizando mi situación como si no fuera nada. Si en ese momento me siento fatal y lo expreso así es porque hay algo que me detiene, de lo contrario ya lo hubiera hecho (aunque muchos lo relacionen con la zona de confort, esta es una máscara del miedo principal al actuar…)
Segundo, el contexto en el que me muevo sencillamente intenta tragarme y permearme con su modo de ver las cosas (“debes tener un trabajo así…”, “debes tener una pareja asá…”, “deberías estar haciendo esto otro…”) y no se toman en cuenta los verdaderos intereses de la persona que vive la situación, pues se tiene tan embebido en nuestra idea de vida que se debe tener un “status” para sobresalir y que exige un desgaste tal que posteriormente no se disfruta lo obtenido.
No quisiera decir con esto que está mal cumplir metas, lo que quiero decir es que es esas metas que deseamos obtener deben ser genuinas y coherentes con nuestra intensión y misión/visión personal y no impuestas por lo que me dicen los demás que debería de ser (y que posiblemente no va con aquello que busco en la vida).
Es cierto que llega un punto que es más complicado hacer cambios en la vida, pero es válido (creo yo) seguir buscando si aún no hay algo que nos apasione y por consiguiente nos alinee con aquello que queremos en la vida, de tal forma que podamos repetir la frase que puse al inicio:

“Pase lo que pase, suceda lo que suceda, Yo me amo a mí mismo y me acepto exactamente como soy

y que como dirían una frase que al parecer es de San Agustín (según san google), “Ama y haz lo que quieras”. Una persona que se ama, es capaz de amar a los demás, pues a pesar de lo que suceda podrá seguir avanzando en la vida sin desmoronarse sino más bien, fortalecerse y por consiguiente amar con más fuerza. No en balde lo dijo el buen Jesucristo, “ama a tu prójimo como a ti mismo”.

En fin, este escrito fue un pequeño texto reflexivo sobre mi día de hoy asistiendo de apoyo en un Centro comunitario de salud mental, asistiendo en terapia personal.
Ya quisiera ir otro día para ver qué más aprendo y comparto con las personas que soliciten apoyo.

Un saludo a mis dos lectores y a todos aquellos que tan amablemente dan un vistazo a mi blog

AMDG

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Esos corazones rotos...El día de hoy mientras jugaba con mi sobrino de 5 años, se acerca a mi pecho y comienza a escuchar con curiosidad mi corazón. Termina de hacerlo y mientras me mira a los ojos me dice:

“tu corazón NO está roto tío Dany”

Admito que en ese momento pensé en varias personas y situaciones por las que atravesé y que creí me habían roto el corazón, pero gracias a mi sobrino me doy cuenta que no fue así, mi corazón sigue íntegro, completito, latiendo fuerte como un tambor. Lo curioso es que no fui yo quien vio eso, sino un chiquillo con quien apenas llevo conviviendo escasas 2 semanas. Con lo anterior, creo que los niños tienen una capacidad especial para percibir la esencia de las personas, aquello que nosotros con tantos golpes recibidos por la vida nos hemos resignado a dejar de percibir.

Me queda tanto por aprender de mis dos pequeños =)

Un saludo a mis dos lectores, y a todos los que dedican un momentito del ajetreo de sus vidas.

AMDG

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English: Photograph of Fernando Pessoa.

English: Photograph of Fernando Pessoa. (Photo credit: Wikipedia)

Todas las cartas de amor son ridículas… (Fernando Pessoa)*

Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.

Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.

Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas.

Quién me diera el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas.

La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos.

(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas).

**Heterónimo A. Campos
Versión de Miguel Ángel Flores
Obtenido del sitio a media voz

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Este poema es del escritor portugués Fernando Pessoa, y viene a colación porque el día de hoy (11 de junio) estaba viendo la película Historias de Lisboa (Lisbon Story *, 1994), que narra la aventura de un ingeniero en audio que parte de Alemania para ayudar a un amigo suyo, director de cine a terminar una película. Sin entrar mucho en el argumento, el siguiente diálogo (y las secuencias de la película) me engancharon:

El: Te eché de menos, ¿Qué tal en Brasil?
Ella: Fue fantástico.
El: Cuéntamelo todo.
Ella: Está bien, pero ahora no.
El: ¿Cuándo?
Ella: Más tarde., ¿Cómo está tu pierna?
El: ¿Cómo están las tuyas? ¿Cómo están tus labios? ¿Cómo está tu cuello? ¿Tus ojos? ¿Tu voz?
¡Eres tan bonita!

Cuando lo leí, no pude sino soltar un ¡¡¡wow!!! que cuando salen del alma es porque lo que he escuchado o leído, me llegó al corazón, la secuencia es muy sencilla, pero el mensaje es arrebatador, me imaginé a mí diciendo estas palabras a la mujer de la que estoy enamorado, sobre todo el “Eres tan bonita” que aunque sea una palabra sencilla, cuando se dice en el contexto adecuada, con la intensidad adecuada a la persona adecuada, es valiosísima. En la búsqueda de la transcripción correcta del diálogo, me llevó a encontrar que dentro de la película, se narran algunos fragmentos del poeta Fernando Pessoa, y pensando que el diálogo era alguna adaptación de algunos de sus poemas, encontré Todas las cartas de amor son ridículas… que da entrada al presente escrito.

Me gusta el desenfado con el que habla de las cartas de amor y en cierta forma el mismo cae dentro de su crítica lo cual se me hace divertido, sobre todo porque me siento plenamente identificado con lo que escribe, inclusive yo mas que ridículo las tomaría como “cursis”, pues todos los escritos que aquí he redactado hablan del amor, de la forma en que lo veo, siento y doy. También me recordó las cartas de amor que he escrito, tanto anónimas, electrónicas y por supuesto, en papel. Sí, son ridículas pero como dice este poeta, todas las cartas de amor son ridículas por todo aquello que expresamos al estar enamorados. No quiero decir que sea malo (y no creo que la intención del poeta sea la de insultar), sino que si de por sí el amor es un tema extenso, no es tan fácil sublimarlo en palabras y más para quienes apenas lo comprendemos. De cualquier manera es fabuloso escribir del amor tanto cuando se logra como cuando no, pues es de los pocos temas en la vida que todos experimentaremos de una u otra manera (sin meterme a complejidades de Erich Fromm y sus 4 tipos de amor), y aunque suenen ridículas mis cartas, las seguiré escribiendo porque es una de las maneras con las que puedo entrar en contacto con mis sentimientos y expresarlo a la mujer que quiero.

Así que cierro con otro diálogo de la película y con él trataré de conciliar el sueño, aunque el solo hecho de una una mujer te entregue una llave y que le expreses lo siguiente, te deja en vela toda la noche cuando su respuesta es una sonrisa encantadora…

Ella: ¡Tienes que tener una llave!, toma la mía
El: ¿también es la llave de su corazón?, ¿qué es una llave sin un beso?

¡Ah! la belleza del amor que nos mueve con presteza hacia otro corazón…

Un saludo a mis dos lectores y todos que generosamente me regalan unos minutos de su tiempo a leer mis ridiculeces… jaja

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